En San Pedro Tlaquepaque recuerdan a los oficiales caídos en cumplimiento del deber
La galería “Guardianes de la Luz” se encuentra dentro del Centro Cultural El Refugio
Martín Patiño Segura
La galería nombrada “Guardianes de la Luz” rinde un homenaje a los oficiales caídos en el cumplimiento de su deber.
Jerry Villarreal, promotor del altar “Guardianes de la Luz” explicó que el significado de cada elemento puesto en dicho altar, como por ejemplo las veladoras son la luz que guía a las almas en su regreso; símbolo de la flama del deber que nunca se apaga.
“Flores de cempasúchil: sus pétalos marcan el camino del regreso al hogar y representan la vida, el sol y la esperanza. El incienso purifica el ambiente y aleja las energías negativas, creando un espacio sagrado”.
Mientras que el agua calma la sed del alma tras su largo viaje desde el más allá.
De acuerdo con nuestras tradiciones mexicanas, tanto en el altar de muertos como en el caso de los oficiales fallecidos, los “Guardianes de la Luz” es el puente entre los vivos y los que ya partieron de este mundo.
El 1 de noviembre vuelven las almas pequeñas, los niños que ya partieron, mientras que el día 2 de noviembre nos visitan los adultos, en ambos casos las almas “cruzan el puente” para visitar sus hogares, y para algunos su hogar y segunda familia fue su lugar de trabajo.
En el mismo altar fue puesto el pan de muerto que simboliza el ciclo de la vida y la muerte, así como el descanso merecido. La comida y bebida favorita de los fallecidos, cuya ofrenda evoca los recuerdos compartidos en vida.
Calaveritas de azúcar o chocolate que representan la aceptación de la muerte y la alegría de recordarlos.
De igual manera los objetos personales como sus uniformes, insignias y placas de los elementos caídos; símbolo de servicio y entrega.
Su luz no se apaga, pues vive en cada patrulla, en cada servicio, en cada ciudadano que duerme en paz gracias a su entrega. Porque su misión continúa en el espíritu de quienes siguen sirviendo con honor.
Mientras la flama permanezca encendida, su memoria seguirá viva,
y su voz seguirá respondiendo al llamado del deber, aunque fuera “desde el más allá”.


























