Localviernes, 12 de diciembre de 2025
Entre fe heredada y gratitud: fieles llegan al Santuario de Guadalupe para honrar a la ‘Morenita’
La gente avanza con respeto y un ambiente de calma envuelve el lugar
Pablo Toledo

Desde muy temprano, el andar pausado pero constante de los fieles comenzó a llenar los alrededores del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe. Entre aromas a flores frescas, veladoras encendidas y el murmullo de rezos que se mezclan con los cantos marianos, se dibuja una escena que, cada 12 de diciembre, revive una tradición que atraviesa generaciones.
Entre los visitantes destaca María Cristina Cortés, una mujer de mirada serena y caminar firme. Porta una pequeña imagen enmarcada cuidadosamente, y junto a ella avanza su nieto, que la observa con la curiosidad propia de quien está aprendiendo a heredar la fe. “Vengo a darle gracias a la Virgencita por todos los beneficios que nos da —dice con voz suave—. Y también a pedirle por la enfermedad de mi hijo”.
Para María Cristina, visitar el santuario no es una costumbre reciente, es una historia de vida. “Desde que tengo uso de razón vengo. Mis papás crecieron así y ahora yo traigo hasta a mi nieto”, cuenta mientras acomoda una ofrenda en las escalinatas. No es la única que llega caracterizada o con algún símbolo religioso; en los alrededores abundan danzantes, peregrinos con estandartes y familias completas que muestran, a su manera, su devoción guadalupana.
La fe se vuelve un puente generacional. “Es lo que nos enseñaron nuestros abuelos y nuestros papás, y ahora nosotros se lo heredamos a nuestros nietos”, dice orgullosa, sin dejar de mirar hacia la imagen de la Virgen. A su alrededor, la gente avanza con respeto y un ambiente de calma envuelve el lugar.
Pese a ser día laboral, la afluencia es constante aunque moderada. Esto, dice María Cristina, ha permitido que el operativo fluya con tranquilidad. “Muy bien organizado. La poca gente que hay está muy bien educada y nos están dejando pasar muy rápidamente”. Su agradecimiento no solo es para la Virgen, también para quienes resguardan la seguridad y el orden de la jornada.

Al final, entre pasos de fe, promesas cumplidas y súplicas silenciosas, el Santuario se convierte una vez más en un punto de encuentro donde la devoción guadalupana se renueva. Un espacio donde cada historia, como la de María Cristina, se suma al tejido de un fervor que, generación tras generación, permanece vivo.