Locallunes, 3 de noviembre de 2025
Ixtlahuacán de los Membrillos presentó el altar más grande del mundo
Más que un récord de dimensiones, el altar representa un acto de amor colectivo
Pablo Toledo

En el corazón agrícola de este municipio jalisciense, el antiguo cementerio de la cabecera municipal se convirtió en escenario del altar de Día de Muertos más grande del mundo: “Altar de Dos Mundos: entre maíz y cempasúchil”. Este monumental homenaje a la memoria, la tradición y el arte comunitario ocupa una superficie de 3 mil 737.91 metros cuadrados y se eleva hasta los 14 metros de altura, convirtiéndose en una obra sin precedentes en México.
El altar está dispuesto en tres niveles simbólicos —el Inframundo, el Terrenal y el Celestial— que narran el tránsito espiritual de los difuntos según la cosmovisión mesoamericana y las tradiciones cristianas. Su primera capa, el antiguo camposanto inaugurado en 1884, representa el Inframundo y conserva la disposición original de las tumbas, muchas de ellas identificadas gracias a la colaboración de las familias locales. Este nivel integra velas, papel picado, coronas artesanales y cruces de carrizo y mezquite, elementos que evocan las raíces agrícolas y espirituales del pueblo.
Entre las ofrendas del Inframundo destacan también los árboles centenarios de mezquite adornados con ojos de Dios, elaborados por adultos mayores como símbolo de la conexión con la ruta wirrarika; un “árbol de angelitos” decorado con retratos y juguetes de niños fallecidos; y una lancha llena de cempasúchil dedicada a quienes murieron en los ríos y presas de la región. La ambientación, construida de manera artesanal, rescata antiguas costumbres funerarias, como el uso del osario y las carretas que trasladaban los cuerpos durante las epidemias.
El segundo nivel, conocido como el Terrenal, está conformado por un camino de petates que simboliza la llegada de las almas al mundo de los vivos. A los costados, las velas guían su trayecto hasta una cruz de ceniza, mientras los xoloitzcuintles, guías espirituales, marcan el paso entre ambos mundos. En este espacio, las ánimas “recobran corporeidad” y pueden mirarse en espejos, lavarse las manos y disfrutar de los alimentos que les ofrecen sus familiares: pan, fruta, semillas, tequila y platillos tradicionales servidos en piezas de barro y canastos de carrizo.
El tercer nivel, el Celestial, está coronado por tres cruces y seis retratos de personajes ilustres del municipio, entre ellos el benefactor Eulogio Herrera Ahumada, quien donó el terreno del panteón, así como artesanos, floricultores y promotores de la industrialización del membrillo. Este nivel simboliza el descanso eterno y la comunión entre los vivos y los muertos, exaltando el orgullo de una comunidad que honra su pasado.
El altar se levanta en un sitio histórico considerado el segundo camposanto más antiguo del municipio, donde la naturaleza mantiene su propio ritual: cada año, las flores de cempasúchil brotan de manera espontánea sobre las tumbas, tiñendo de dorado el paisaje. Este fenómeno natural se ha integrado al concepto artístico del altar, donde el maíz —símbolo de vida y fertilidad— y el cempasúchil —flor del recuerdo— se entrelazan como metáfora de los dos mundos que representa la ofrenda.
La iniciativa nació como un proyecto comunitario que involucró a familias, talleres y artistas locales, quienes donaron materiales, fotografías y objetos personales para rescatar la memoria de los antiguos pobladores enterrados entre 1884 y 1958. Tras permanecer décadas en el olvido, el panteón fue revalorizado como espacio de encuentro entre el arte, la historia y la fe, donde confluyen las tradiciones prehispánicas y la devoción católica.
Cada rincón del “Altar de Dos Mundos” cuenta una historia: desde las cruces talladas a mano hasta los caminos de pétalos que guían a las almas en su regreso. Más que un récord de dimensiones, el altar representa un acto de amor colectivo y un recordatorio de que la memoria —como el maíz que germina y el cempasúchil que florece— continúa dando vida a las generaciones que habitan Ixtlahuacán de los Membrillos.