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Jóvenes de distintas generaciones participan en la subcultura therian, donde se identifican simbólica o espiritualmente con animales y expresan esa identidad a través de vestimenta y comportamientos específicos. / Foto: @Seawolfed
En los cinco continentes, principalmente en países industrializados, miles de jóvenes y adultos jóvenes se identifican como therians, una subcultura juvenil que ha cobrado visibilidad internacional en los últimos años gracias al impulso de las redes sociales. Lejos de los señalamientos que circulan en plataformas digitales, especialistas coinciden en que se trata de personas comunes —estudiantes, trabajadores, profesionistas— que construyen su identidad dentro de comunidades culturales y virtuales, sin que ello implique algún trastorno psicológico por definición.
El profesor investigador del Centro Universitario de Tlaquepaque, Mario Gerardo Cervantes Medina, explica que el fenómeno debe entenderse como un movimiento cultural contemporáneo. “Es una subcultura juvenil que forma parte de las dinámicas identitarias actuales”, señala. Aunque su exposición mediática es reciente, sus antecedentes inmediatos se ubican en Europa. En 2024 la película noruega Good Boy generó conversación al retratar a un hombre que asume el rol de mascota. Antes, en agosto de 2023, el británico Tom Peters apareció en televisión declarando sentirse perro, hecho que detonó debates y viralización del llamado “humanismo canino”.
A partir de esos episodios, la tendencia se expandió por Gran Bretaña, Alemania y otras naciones europeas, para luego replicarse en América Latina. Casos en Uruguay y Argentina también alcanzaron notoriedad tras hacerse virales en TikTok, Instagram YouTube y otras plataformas. Actualmente, convocatorias públicas para reuniones de therians circulan en distintas ciudades del mundo, incluido Jalisco, lo que confirma su carácter global. No existe una cifra oficial consolidada, pero su presencia activa en redes sociales, foros y encuentros presenciales evidencia una comunidad en crecimiento, aunque todavía minoritaria.
De acuerdo con Cervantes Medina, el término therian describe a personas que se identifican, de forma simbólica o espiritual, con algún animal. Esta identificación puede expresarse mediante atuendos, máscaras, colas, guantes o comportamientos asociados al animal elegido. “Comparten una experiencia subjetiva de animalidad, pero eso no los convierte en algo distinto a cualquier otro joven que participa en una subcultura”, subraya. No se limita a la figura del perro; pueden identificarse con lobos, felinos u otras especies.
En cuanto a edades, el fenómeno se concentra principalmente entre los 12 y 35 años. Participan jóvenes de la generación Alfa (12 a 16 años), generación Z (aproximadamente de 18 a 26) y millennials o generación Y (hasta 35 años). La ampliación de esta franja etaria responde a lo que el especialista denomina “moratoria social extendida”, es decir, una etapa juvenil que se prolonga más allá de los parámetros tradicionales. Se trata, en su mayoría, de estudiantes de secundaria, preparatoria y universidad; algunos combinan estudios y trabajo, y otros ya están insertos en el mercado laboral.
Desde la sociología cultural, la subcultura therian comparte rasgos con otros movimientos juveniles como el cosplay y el mundo otaku. En ciudades como Guadalajara se realizan hasta 14 convenciones anuales vinculadas a la cultura pop y al anime, lo que demuestra la capacidad organizativa y económica de estos nichos culturales. En el caso therian, existe un mercado de accesorios y vestimenta especializada cuyos precios pueden ser elevados; sin embargo, también hay quienes elaboran sus propios trajes con apoyo familiar o creatividad personal. Además, algunos monetizan contenidos en plataformas digitales, obteniendo ingresos por visualizaciones e interacción, lo que también ha contribuido a su rápida difusión.
Para afirmar que alguien requiere tratamiento psiquiátrico debe existir una evaluación profesional individual. No basta con una opinión en redes socialesMario Gerardo Cervantes Medina
Explica que la llamada “teoría del etiquetamiento” muestra cómo ciertos grupos minoritarios son estigmatizados por apartarse de categorías normativas, pero eso no implica necesariamente patología. El fenómeno, añade, debe analizarse dentro de las transformaciones identitarias de sociedades contemporáneas, donde la identidad se construye de manera narrativa y reflexiva.
La estigmatización no es nueva. Otras comunidades juveniles y movimientos sociales —desde los otakus hasta colectivos de diversidad sexual— enfrentaron cuestionamientos similares en sus primeras etapas de visibilidad pública. En ese sentido, los therians forman parte de un mosaico plural de expresiones culturales que encuentran en internet su principal espacio de socialización y proyección mediática, sin necesidad de concentración geográfica específica.
Los therians son personas comunes que estudian, trabajan, conviven con sus familias y participan en dinámicas sociales ordinarias. Su identidad se articula en torno a símbolos y experiencias compartidas dentro de una comunidad digital global cuya relevancia ha sido amplificada por las redes sociales. Más allá de la polémica, especialistas coinciden en que se trata de una subcultura juvenil emergente que, como muchas otras en la historia reciente, busca reconocimiento antes que confrontación.