Anselmo Sánchez Luna desde las alturas vende dulces para salir adelante
Desde las siete de la mañana, acomoda con cuidado su mercancía, que va desde chicles, paletas y dulces con chile
Desde las siete de la mañana, acomoda con cuidado su mercancía, que va desde chicles, paletas y dulces con chile

José De Jesús Dorantes González
Todos los días, cuando la gente comienza su rutina en Acapulco, Anselmo Sánchez Luna de 52 años de edad, ya está en su lugar en las alturas, la escalera del puente peatonal del bulevar Vicente Guerrero, a la altura de la entrada a la colonia Emiliano Zapata.
Ahí, desde las siete de la mañana, acomoda con cuidado su mercancía, que va desde chicles, paletas, dulces con chile, productos de la marca Coronado y Lucas. No necesita verlos para saber dónde están, los reconoce con las manos, así como a las monedas que recibe por ellos.
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Anselmo es ciego, perdió la vista tras recibir un golpe en la cabeza, un hecho que marcó su vida para siempre, luego ser agredido por un grupo de hombres. Desde entonces, la oscuridad es permanente, “se me fue la luz de mis ojos” señala. A pesar de su discapacidad, todos los días sale de casa para ganarse la vida de manera honesta.
“Yo vengo diario”, dice. A veces se queda hasta las dos o tres de la tarde, dependiendo de cómo vaya la venta, lo que logra juntar es para comer y sostener su hogar. No tiene apoyos fijos ni quien lo acompañe.
Vive solo, en la colonia Tierra y Libertad, su madre ya murió. No hay quien lo traiga ni quien lo lleve, se traslada por sus propios medios, guiándose por la memoria del camino y la ayuda ocasional de quienes lo reconocen en el puente.
Para Anselmo, vender dulces no es solo un ingreso, es su forma de subsistir, de no quedarse inmóvil, por lo que día con día es un ejemplo de las ganas de salir adelante.