El hilado de algodón, tradición y sostén de las familias amuzgas
Por más de 60 años la actividad ha sido sostén del matrimonio de don José y doña Herminia
Por más de 60 años la actividad ha sido sostén del matrimonio de don José y doña Herminia

Abel Miranda
Fabricar huipiles hilados de algodón con la técnica milenaria del telar de cintura es un trabajo que el matrimonio formado por don José Encarnación Castellanos y Herminia Reyna Benito Tapia hacen de manera sincronizada, cada quien sabe que parte del proceso le corresponde para lograr las hermosas prendas típicas de la región amuzga de Guerrero.
La pareja de hoy ancianos es originaria de la comunidad de Zacualpan, comunidad perteneciente al municipio de Ometepec, desde hace más de 60 años se ha dedicado a la fabricación de las prendas tradicionales, cubriendo todo el proceso desde la siembra del algodón hasta la culminación del vestido.
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Afortunadamente a consideración de don José aún existen personas que valoran este tipo de trabajo y compran un huipil que cuesta 15 mil pesos, pero que en su elaboración tardaron un año y medio porque se fabricó de puro hilo de algodón en telar de cintura.

El trabajo de la pareja inicia con la siembra del algodón en una hectárea de terreno que tiene en Zacualpan, seis meses después de la siembra y todo el trabajo que implica el cuidado de la planta, finalmente se inicia la cosecha de la flor de algodón.
Una vez que el algodón se ha cosechado inicia el trabajo para convertirlo en hilo, para esto primero se tiene que limpiar, retirarle todas las semillas que se usarán el próximo ciclo para volver a sembrar la planta.
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Después viene el ablandado en esta etapa el algodón se coloca en una especie de tambor y con cuatro varas se golpea para que las fibras se separen y quede más suave y manejable, desde este paso y hasta terminar la prenda el proceso ya se encuentra a cargo de la mujer.

El siguiente paso es torcer el algodón para formar el hilo, para ello únicamente se apoya de un malacate que es una vara de madera con punta y en el primer tercio se le coloca un barrilito de barro que le genera peso para facilitar que gire y vaya torciendo el hilo ahí la destreza de la mujer permite que sea un torcido uniforme y al grueso que el proyecto requiera pues hay prenda que se hacen con un hilo más grueso otro mucho más fino.
“Antes en el pueblo todos se dedicaban a este trabajo hoy son pocos pero para nosotros sigue siendo algo que realizamos con mucho amor y gracias a Dios aún encontramos quien valore este trabajo”.
Actualmente don José tiene 83 años su esposa 76 y mantiene un punto de venta de su trabajo en el interior del casino del estudiante de Chilpancingo, también han abierto la posibilidad de enseñar este arte del hilado a quien guste aprenderlo pues es algo que ellos aprendieron de manera natural en su población y hoy que quedan pocos artesanos es bueno que la gente sepa como se hace este trabajo.
El artesano refirió que él se casó cuando tenía 18 años y desde entonces tuvo que dedicarse al trabajo en torno a la producción de algodón, y hoy más de 60 años después sigue haciendo lo mismo que es un arte aprendido de sus padres y sus abuelos.