Doña Alejandra vive del mar y la arena desde hace más de 70 años
Pese a su edad y rayos de sol ella camina diariamente de playa Condesa a Las Hamacas para ganarse unos pesos y mantenerse activa
Heidi Nieves
Con casi 90 años de edad doña Alejandra Muñoz Barrios continúa trabajando, ella es prestadora de servicios turísticos y durante más de 70 años ha caminado por las playas de Acapulco ofreciendo su mercancía a los turistas.
Actualmente vende salidas y ropa de playa, prendas de vestir que años atrás ella cocía, sin embargo, hoy en día se los pasa otra persona para ella revenderlos y poder mantenerse.
Originaria de San Miguel Guerrero, después de haberse casado llegó al puerto de Acapulco muy jovencita para empezar otra vida con su esposo.
Ante la falta de estudios decidieron vender en la playa diferentes productos para los turistas y después aprendió a coser en máquinas hecho que les ayudó pues tenían mejores ingresos económicos.
Doña Alejandra tuvo seis hijos; 3 hombres y tres mujeres de los cuales dos fallecieron al igual que su esposo, hecho que le deprimió. “Después de que murió mi esposo, luego se murió y mi hijo, yo no quería salir ya de mi casa”.
Diariamente sale a trabajar y a pesar de los rayos del sol camina desde playa Condesa a Las Hamacas, pese a los largos tramos se cansa pero cree que si se queda en casa ya no podrá caminar así que prefiere mejor salir.
Ella, vive en la colonia Zapata, con una mujer que le hace compañía pero trabaja y solo se ven en las noches una vez que ambas terminan su jornada laboral.
Sin embargo, los fuertes vientos de Otis le tiraron su techo el cual era de lámina y no ha terminado de agregarlo porque poco a poco compra material de construcción con la pensión que le da el gobierno federal.
Doña Alejandra no tiene ninguna enfermedad sólo no ve al cien por ciento pues el paso de los años ya le han cobrado factura, pero ella se alimenta bien, hay días que se come de 2 a 3 tortillas y cuando tiene mucha hambre cuatro.
“Como bien me compro para hacerme sopa, yo cocino y lavo pero sino me da tiempo aquí en la playa me compro un guisadito, con un atole de avena o de piña”.
Por cada prenda de ropa que ella vende se gana alrededor de 50 pesos dinero que ocupa para comer y pagar sus servicios básicos.




























