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Hasta la fecha, los grandes analistas financieros y económicos no logran descifrar cual es el juego que está operando el Presidente Donald Trump con todo lo concerniente a los aranceles que impone, ya sea a socios comerciales o a países con los que mantiene una fuerte tensión global en términos de los recursos que operan y el papel hegemónico que toman en el rumbo del planeta. En efecto, la relación con China ha sido tirante desde varias administraciones atrás porque ese país se ha convertido en la amenaza principal para el liderazgo económico de EUA que, por cierto, con las medidas tomadas recientemente va perdiendo poco a poco en comparación con el gigante asiático.
De hecho, a diferencia de otros países que recibieron los aranceles como una simple amenaza y, por lo tanto, con cierta mesura a espera de generar un diálogo con las autoridades estadounidenses, China se volcó en una estrategia igual de agresiva imponiendo tarifas a las mercancías provenientes de ese país norteamericano casi tan elevadas como las que propuso Trump.
Con contexto o sin él, observar que de un día a otro el recién llegado Presidente imponía gravámenes de más del 130% a productos chinos bajo el argumento de que era un país que fomentaba el tráfico de fentanilo, además de generar un déficit comercial descomunal, parecía más una historia de película de acción que una realidad que, se supone, se compone de algunos lineamientos diplomáticos.
Los aranceles recíprocos que en el caso de China aumentaron por arriba del 80% a ciertos productos de EUA no tenían una gran afectación por el número de insumos, sin embargo, en el caso de los Estados Unidos el impacto era grande atendiendo a que China es el tercer socio comercial de los estadounidenses generando, al menos el último año, un comercio de 585 mil millones de dólares, es decir, una cantidad significativa en lo cuantitativo, pero aún más en lo cualitativo por el tipo de bienes que llegan provenientes de China.
Donald Trump había afirmado que el déficit comercial ascendía a un billón de dólares y eso era una enorme desigualdad que impactaba en el desarrollo del comercio interior estadounidense, sin embargo, la realidad es que es de 295 mil millones de dólares, es decir mucho menos del discurso presidencial aunque ya sabemos que en esas declaraciones las imprecisiones no tienen control.
Entre lo real y lo discursivo, lo cierto es que estas medidas comerciales exageradas propiciaron movimientos bursátiles de pérdidas super graves que colapsaron a casi todas las bolsas en el mundo, sobre todo porque una baja en el consumo de productos chinos pararía fabricas y empresas con un impacto muy desfavorable a toda la cadena de producción. Lo anterior aderezado con el hecho de que se veía muy lejano un acuerdo entre ambas naciones que se encuentran en los últimos años en guerra comercial.
La buena noticia es que apenas hace un par de días, una delegación de ambos países se reunió en Suiza a fin de dialogar y llegar a un acuerdo sobre los aranceles recíprocos, lo que culminó con una exención arancelaria durante 90 días con varios compromisos, entre ellos, que existan acciones de combate al fentanilo por parte de China.
El resultado global fue tan bien recibido que todas las bolsas de valores más relevantes en el planeta registraron números positivos dando paz a un mercado que había vivido en incertidumbre absoluta durante las últimas semanas. Incertidumbre que, como ha pasado con ese gobierno estadounidense, volverá una vez cumplido el plazo.