Todos estábamos orgullosos de ser un ejemplo en el movimiento cooperativo internacional y en la industria del cemento. “La empresa era muy próspera y esperaba jubilarme y disfrutar del fruto de mi trabajo, pero ahora esa posibilidad parece lejana.”
Los culpables de la debacle social
También destaca que son culpables aquellos que se han dejado intimidar y han ido a negociar en los últimos meses, debilitando el movimiento y haciendo que una negociación justa se vea cada vez más lejana.
La planta de Hidalgo de La Cruz Azul que esta parada tiene capacidad para elaborar mas de 11 mil toneladas de cemento diarias / Cortesía
“Las cooperativas se basan en valores como la honestidad y preocupación por los demás miembros. Al igual que los fundadores y mi padre que trabajó más de 30 años yo crecí creyendo en eso, así que en este conflicto es difícil ya un arreglo interno, porque hemos vivido los últimos cuatro años bajo violencia constante” explica una cooperativista de La Cruz Azul.
Y agrega que se ve imposible un arreglo porque ya no se trata de ser resilientes, “porque aquí se han perdido vidas, hay gente encarcelada, muchas personas sufriendo porque no pueden trabajar y mucho odio entre familias. Las agresiones sobrepasan ya lo que uno puede disculpar.”
La mujer aceptó compartir de manera anónima su historia de vida, porque según ella, los cooperativistas que expresan su opinión son objeto de violencia en las redes sociales por parte de los disidentes y de un personaje que, sin entender de la filosofía que guía sus vidas, busca generar confrontación, ya que esto le genera beneficios económicos.
Soy la tercera generación de cooperativistas, relató la entrevistada. “Tuve la suerte de crecer en Ciudad Cooperativa Cruz Azul, donde viví una infancia muy bonita. Estudié en las escuelas de la empresa y, siendo muy joven, comencé a trabajar allí después de terminar la preparatoria. Muchos años después, retomé mis estudios, ya que en Cruz Azul, el entorno laboral era propicio para el crecimiento y siempre se presentaban oportunidades para mejorar y convertirse en socios. Y había gran estabilidad incluso para quienes no eran socios, porque la fábrica genera mucho trabajo en servicios.”
Y expone: “Decidí quedarme con los trabajadores de la planta Hidalgo porque creo firmemente en defender el cooperativismo. Sin embargo, para aquellos que comparten mi convicción, esto ha tenido un alto costo. Durante más de cuatro años, hemos estado sin salario, lo que nos ha obligado a vender nuestro patrimonio y acumular deudas para sobrevivir. Además, no podemos buscar otro empleo debido a que debemos cumplir con las guardias, ya que estamos bajo la constante amenaza de una toma violenta de la planta.”
La entrevistada reconoce que la responsabilidad de este desastre, que ha arrastrado a la comunidad y la ha sumido en la pobreza, la violencia y lo mantiene permanentemente en zozobra, recae en los socios, “algunos de los cuales tienen ansias de poder y ambición desbordada, mientras que otros se dejaron manipular e influir por quienes hoy controlan la cooperativa, así como por personas ajenas.”
Considera que aún más culpables son aquellos que, buscando su comodidad, se fueron tras el dinero y han permitido que se cometan atrocidades, como agresiones, homicidios, encarcelamientos basados en mentiras, dejar sin trabajo a cientos y a una comunidad expuesta a la violencia, sin sentir remordimiento alguno.
En conclusión, señaló, todo esto ha llevado a que parezca que ya no hay opciones para que los socios lleguen a un acuerdo entre socios, por lo que ahora esperan y confían en la justicia para resolver el conflicto y que los trabajadores y sus familias no sigan sufriendo.
Sobre el conflicto en la cooperativa, la entrevistada recordó que este surgió en 2009, cuando un grupo de socios, conocidos como “Los Veinte”, que incluía a Alfredo Álvarez Cuevas y Armando Valverde Talango, cuestionaron la gestión de la cooperativa y solicitaron la renuncia o jubilación de Billy Álvarez. Estas inconformidades se discutieron en las asambleas, pero Billy Álvarez se negó a ceder, lo que llevó a que en 2011 se interpusieran demandas.
Los socios inconformes fueron inicialmente destituidos, pero en una reunión del Consejo en 2011, se acordó la destitución de Billy Álvarez. Sin embargo, este contó con el apoyo de José Antonio Marín y Víctor Manuel Velázquez, quienes se habían beneficiado de su protección y habían ocupado puestos clave, como el área de ventas que anteriormente ocupaba Don Alfredo Álvarez. A estos últimos también se les acusaba de desfalcos. Posteriormente, los socios destituidos lograron su restitución como socios a través de la vía legal, pero en ese tiempo algunos socios fueron a la cárcel, aunque la mayoría se mantuvieron al margen.
“Pero luego Marín y Velázquez traicionaron a Billy, quien renunció en 2020 debido a investigaciones por asuntos fiscales. Esto obligó a los socios a elegir entre las facciones en disputa por el control de la cooperativa. Aprovechando la situación, Velázquez se convirtió en líder”, contó.
Narró que, al inicio del conflicto, el grupo de cooperativistas que actualmente controla la cementera de Hidalgo era la mayoría y, en una asamblea, eligieron a Federico Sarabia Pozo. Sin embargo, alrededor de 200 socios disidentes tomaron el corporativo por la fuerza, se apoderaron de la administración y, posteriormente, de la mayoría de las empresas, algunas las desaparecieron y otras las quebraron, y de lo único que no pudieron apoderarse fue de la planta de Hidalgo.
“Intentaron tomar la fábrica por la fuerza, trajeron golpeadores, hicieron destrozos, mataron personas pero no pudieron entrar. Como represalia, dejaron de pagarnos a aquellos que no estábamos de acuerdo con ellos, lo que generó una desbanda. Solo quedamos alrededor de 350 socios aquí. Luego, para obligarnos a entregar la fábrica, pidieron a más de cuatro mil trabajadores de Grupo Azul y de las cooperativas que estaban en producción y mantenimiento, así como de otras empresas del Núcleo Cruz Azul, que dejaran de ir a trabajar. Les prometieron que seguirían pagándoles, ya que en dos meses recuperarían la fábrica y entonces regresarían”, relató.
Refiere que el grupo en resistencia logró seguir resguardando y operando la fábrica gracias a que alrededor de mil trabajadores decidieron quedarse. La mayoría de ellos eran empleados de Grupo Azul, a quienes los disidentes no les pidieron que se fueran, y otros eran hijos de los socios que optaron por quedarse. “Así que actualmente los disidentes están pagando a casi tres mil trabajadores que no están trabajando. Inicialmente, sacaron a más de cuatro mil, pero han ido despidiendo a muchos de ellos”.
Comentó que los siguientes meses fueron muy difíciles, ya que los opositores intensificaron su campaña de convencimiento y presión. Mandaban a familiares, amigos y conocidos a presionarte para que te rindieras. Algunos compañeros cedieron y se fueron, y otros más los siguieron en los meses posteriores, debido a que nos amenazaron con demandas y se asustaron. Además, les preocupaba perder el servicio médico.
Luego ya se pusieron más violentos, relató, intentaron tomar la planta y otros más se rindieron también, pero no pudieron doblegarnos a todos y en 2022 Víctor Manuel Velázquez solicitó a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) que cortara la energía. Y hoy los que resisten en la fábrica somos menos de 200 socios que tenemos parada una planta capaz de producir más de 11 mil toneladas diarias.
“Agradecemos que tenemos el respaldo de nuestras familias y de trabajadores que han sido muy solidarios porque no están recibiendo un salario, así como de personas de las comunidades, quienes están dispuestos a defender la planta de Hidalgo, para que Velázquez no la convierta en Sociedad Anónima como hizo con la planta de Lagunas Oaxaca, porque sería el fin del cooperativismo. Porque solos no tendríamos posibilidades de hacer frente a los disidentes que disponen de todo el recurso de la cooperativa”, concluyó.