En este periodo comenzó a intensificarse la migración proveniente del llamado Triángulo Centroamericano, conformado por Guatemala, El Salvador y Nicaragua
Precisó que estas poblaciones, buscan llegar a Estados Unidos, pero muchas veces quedan varadas en México debido a las políticas de contención migratoria.
Historia migratoria y endurecimiento de políticas
México, señaló, pasó de ser un país de tránsito a convertirse en un muro de contención, intentando frenar el avance de estas caravanas.
Para la académica esta criminalización es errónea, pues afirmó: “La migración es un derecho humano universal, no un delito”.
Asentamiento de nuevas comunidades y retos actuales
Actualmente, explicó, México vive una triple condición: sigue siendo un país expulsor, es territorio de tránsito y, cada vez más, un espacio de asentamiento.
La entidad fue sede de la sesión ordinaria del Consejo de Desarrollo Metropolitano del Valle de México; el plan está orientado a la infiltración, retención y reutilización del agua pluvial
Las personas extranjeras no documentadas han dejado el tren y buscan nuevas alternativas para llegar a Estados Unidos de Norteamérica. / Gustavo Vargas / El Sol de Hidalgo
Los fenómenos migratorios en Hidalgo no pueden entenderse como hechos aislados ni recientes, sino como procesos históricos en constante transformación, influenciados por factores económicos, políticos y sociales tanto nacionales como internacionales, así lo explicó Karina Pizarro Hernández, profesora investigadora del área académica de Sociología y Demografía del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades, para El Sol de Hidalgo, quien subrayó que los cambios en rutas, perfiles y dinámicas de movilidad forman parte natural de la migración.
La especialista de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), recordó que desde hace al menos cinco o seis años la ruta del tren conocido como La Bestia dejó de ser una opción segura para las personas migrantes, debido al incremento de la vigilancia y los controles migratorios, una situación que, afirmó, obligó a modificar los trayectos tradicionales, lo que impactó directamente en la red de apoyo que se había construido a lo largo de las vías ferroviarias, particularmente en Hidalgo.
Durante años, explicó, al pie de las vías del tren se consolidaron albergues que ofrecían asistencia humanitaria a las personas en tránsito, como los ubicados en Atitalaquia y Huichapan, estos, dijo, no solo brindaban alimento y descanso, sino también acompañamiento y protección; sin embargo, mencionó, al cambiar las rutas, las personas migrantes dejaron de pasar por estos puntos, perdiendo así el acceso a una red de apoyo fundamental para su seguridad y bienestar.
Ante este escenario, puntualizó, las dinámicas migratorias se diversificaron y, señaló que, muchas personas extranjeras no documentadas comenzaron a utilizar otros medios de transporte para evitar el tren, el cual dejó de ser una alternativa viable.
A la par, dijo, el uso del teléfono celular se volvió una herramienta clave para la sobrevivencia: “Mediante mensajes y llamadas, los migrantes comparten información sobre redadas, retenes y zonas de riesgo, generando redes de protección colectiva, aun cuando cada grupo siga rutas distintas”.
Destacó que también ha cambiado el perfil de quienes migran, pues señaló que, en un inicio, predominaban los hombres que se desplazaban hacia Estados Unidos para incorporarse al sector agrícola y, con el tiempo se sumaron las mujeres y, a partir de la década de los ochenta, niñas, niños y familias completas.
No obstante, refirió que, en los últimos cinco años el flujo migratorio se ha diversificado aún más y países como Venezuela, Colombia, Cuba e incluso Argentina se han incorporado de manera significativa, al igual que personas provenientes de Asia y África, como Haití.
Algunas de estas personas, dijo, ingresan al país por rutas no terrestres: “Quienes provienen de Sudamérica, suelen entrar por Oaxaca en lanchas, evitando así el recorrido por tren, en el caso de migrantes africanos, muchos ingresan por Brasil debido a la cercanía geográfica, desde donde avanzan hacia el Norte del continente en una ruta que puede demorar meses”.
La investigadora contextualizó este fenómeno dentro de una larga historia migratoria y, recordó que desde los años cuarenta, con el Programa Bracero se vivió un primer gran periodo de expulsión y, posteriormente, en los años ochenta, la crisis económica convirtió a entidades como Hidalgo, Oaxaca y Veracruz en estados emergentes de migración.
En esa misma década surgió una nueva dinámica: las caravanas migrantes, integradas por familias completas, mujeres embarazadas, niñas y niños, que comenzaron a desplazarse de manera colectiva para reducir riesgos
Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, la migración empezó a ser vista como un problema de seguridad, surgió el ICE en Estados Unidos con facultades no solo fronterizas, sino también internas, y esta visión de criminalización fue replicada por México, que endureció sus políticas migratorias
Detalló que este contexto derivó en episodios de violencia, como el incendio de vagones y accidentes que dejaron víctimas, así como en el endurecimiento en las estaciones migratorias, que pasaron de ser espacios de resguardo a lugares con condiciones similares a cárceles.
En sus investigaciones, dijo, ha documentado la presencia de personas venezolanas con entre ocho y diez años de residencia legal en el país y, en Hidalgo, particularmente en Pachuca y la región del Altiplano, dijo, se observa una creciente población colombiana y venezolana que se ha integrado al sistema laboral y educativo.
Muchas de estas personas, añadió, han decidido establecerse en México ante el miedo generado por las políticas migratorias de Estados Unidos y afirmó que, mientras exista una demanda de mano de obra y una marcada diferencia salarial, la migración continuará, independientemente de quién encabece el gobierno estadounidense.
Sin embargo, precisó que las decisiones políticas, como las impulsadas durante el gobierno de Donald Trump, han marcado profundamente la agenda migratoria en toda América Latina y, ahora, a nivel mundial.
Finalmente, la académica llamó a mirar la migración desde una perspectiva positiva, destacando la riqueza que aporta la interculturalidad, mucho de esto, dijo, lo refiere en su libro El pasaporte, la maleta y la barbacoa, en la que expone cómo la diversidad cultural, lingüística y gastronómica fortalece a las sociedades y, advirtió que reproducir discursos que asocian a las personas migrantes con la delincuencia solo refuerza la xenofobia y la discriminación.
En este contexto Manuel Enrique Aranda Montero, director general de Atención al Migrante en Hidalgo, indicó que, en su percepción, durante el último bimestre de 2025 y lo que va de enero de 2026 se ha registrado una disminución aproximada del 95% en el número de personas extranjeras no documentadas que transitan por territorio mexicano con la intención de llegar a Estados Unidos de Norteamérica.
Mencionó que este fenómeno responde a un cambio profundo en la narrativa migratoria, ya que lo que por décadas se conoció como el Sueño Americano hoy se ha transformado en lo que calificó como el Infierno Americano, ante un escenario cada vez más restrictivo y adverso para quienes buscan cruzar la frontera, un hecho perceptible en los albergues, muchos de los cuales, dijo, están cerrados en toda la zona fronteriza.
En este sentido coincidió con la investigadora y refirió que entre los factores que han incidido directamente en esta caída histórica se encuentran las acciones reforzadas de la ICE, así como una nueva estrategia de monitoreo fronterizo que incluye mayor presencia del Ejército, la Guardia Nacional y corporaciones de seguridad estadounidenses, además de que, a esto se suma el clima extremadamente frío que prevalece en esta temporada en Estados Unidos.