Sacristanes, una ardua labor en La Villita de Pachuca
El cuidado, limpieza y mantenimiento del recinto religioso, se encuentra bajo las manos de dos personas que realizan tareas con discreción y profundo sentido de servicio
El cuidado, limpieza y mantenimiento del recinto religioso, se encuentra bajo las manos de dos personas que realizan tareas con discreción y profundo sentido de servicio

Gustavo Vargas
Mientras los fieles acuden a encomendarse, encender una veladora o participar en la misa, existe una labor silenciosa que permite que la Parroquia Basílica de Santa María de Guadalupe, La Villita de Pachuca, se mantenga en condiciones dignas y ordenadas. Ahí, detrás de cada banca limpia, cada altar dispuesto y cada imagen cuidada, se encuentra el trabajo constante de los sacristanes, entre ellos Leonardo Ruiz Arista, quien desde hace 11 años se encarga del mantenimiento y la limpieza de este importante recinto religioso.
El sacristán explicó que la parroquia se divide en tres grandes espacios: la basílica, la capilla de la Iglesia de San José y la casa sacerdotal, donde también se localizan las oficinas.
Detalló que, aunque su responsabilidad principal se centra en los espacios litúrgicos, la casa sacerdotal es aseada por el personal administrativo, quienes se encargan de la limpieza de las habitaciones donde descansan los sacerdotes, lo que permite una mejor organización de las labores diarias.
Mencionó que de todos los espacios, la Basílica es el área más demandante debido a su amplitud y a la constante afluencia de feligreses, y señaló que, si bien la mayoría de las personas procuran mantener el orden, la limpieza diaria se enfoca principalmente en recoger botellas de agua o envases vacíos de distintos líquidos, restos de flores y veladoras, así como en retirar chicles que algunas personas suelen dejar adheridos en las partes menos visibles de las bancas, una de las tareas más laboriosas y minuciosas.
Además de los espacios, el cuidado de los objetos litúrgicos forma parte esencial de su trabajo: cálices, copones y otros elementos de orfebrería utilizados durante las celebraciones religiosas se limpian de manera frecuente, al igual que candiles y objetos decorativos; no obstante, Leonardo Ruiz, precisó que algunas piezas, por su antigüedad o delicadeza, después de cierto tiempo son enviadas con personal especializado para garantizar su correcta conservación y evitar daños irreversibles.
Otro de los puntos que requiere atención constante es el altar, uno de los espacios más significativos del templo, donde, de acuerdo con el sacristán, se limpia aproximadamente cada hora y media, especialmente en los días con mayor número de celebraciones eucarísticas, lo que implica una vigilancia permanente para mantenerlo en condiciones óptimas.
Sin embargo, indicó que uno de los periodos más intensos del año ocurre durante la semana previa y, sobre todo, posterior a la celebración de la Virgen de Guadalupe, cada 12 de diciembre.
Durante este periodo, destacó que, debido a la gran afluencia de feligreses, los trabajos de limpieza incrementaron de manera considerable.
“Durante esos días, una de las labores más demandantes es el traslado de las 122 bancas de la Basílica a un recinto contiguo, las cuales se retiran dos o hasta tres días antes de la fecha, con el objetivo de permitir el acceso a un mayor número de personas y facilitar el ingreso de los nichos”.
Precisó que, una vez concluida la festividad, los días posteriores se destinan a una limpieza profunda para que la Basílica recupere su orden habitual.
“A ello se suma la limpieza periódica de las imágenes religiosas, la cual hacemos aproximadamente una vez al mes, como parte del cuidado integral de la parroquia”.
Asimismo, recordó para El Sol de Hidalgo que ingresó a laborar el 14 de febrero, por recomendación de familiares de uno de los párrocos, inicialmente realizando trabajos de mantenimiento y meses después, dijo, tras el retiro de uno de los sacristanes, asumió formalmente esta labor, en la que con el paso de los años se ha habituado tanto al ritmo como a la responsabilidad que implica.
Mencionó que, además de la limpieza, su trabajo incluye múltiples tareas de mantenimiento general, como el cambio de lámparas, labores de plomería, reparación de goteras e incluso trabajos de jardinería.
Añadió que su jornada laboral se organiza en turnos quincenales: 15 días en horario matutino, de 7:00 a 15:00 horas, y los siguientes 15 en turno vespertino, de 13:00 a 21:00 horas.
Por último, refirió que, con discreción y compromiso, la labor de los sacristanes sostiene el funcionamiento diario de uno de los espacios religiosos más emblemáticos de Pachuca, y afirmó que, más allá de lo visible, la fe también se cuida con trabajo, constancia y respeto.