Deportesmiércoles, 2 de abril de 2025
Miguel Ángel Perrichón, gloria fresera
En México además del Irapuato, vistió las playeras del Club Oro y Necaxa
Fernando Cisneros

La mirada permanece fija en el campo de futbol, observa con alegría el accionar de los jugadores, se da tiempo para saludar a los amigos que cosechó a lo largo de muchos años, preparándose el argentino de nacimiento, Miguel Ángel Perrichón, irapuatense por adopción, para dirigir unas palabras y premiar a los campeones de la Liga de las Estrellas, en la final que se realizó en días pasados.
El famoso Perri, fue invitado de honor por parte de la directiva que encabeza el señor Joel Romero, acudiendo para disfrutar de un partido más en su vida, mostrando que el tiempo ha dejado huellas imborrables en la parte física, pero no ha mermado para nada ese gusto por el futbol.

Muchas personas tuvieron la oportunidad de verlo jugar y recuerdan a ese personaje que llego a México por allá del año de 1967, fue traído por el Club deportivo Oro de Jalisco, vistiendo posteriormente la playera del Necaxa, para llegar a la tierra de las fresas y ser jugador del Irapuato, ciudad que lo arropó y es la que decidió quedarse a radicar.
Con 84 años de edad, cumplidos el pasado 20 de marzo, Miguel Ángel Perrichón no dudo en aceptar la invitación que se le hizo por parte de la Liga de las Estrellas, manteniendo esa pasión por el fútbol, el deporte que le permitió forjar una carrera importante en varios países.

En su época como jugador, se destacó por esa habilidad que tenía por las bandas, misma que le permitió triunfar tanto en el futbol argentino, como en el mexicano y sin olvidar los éxitos que alcanzó en Portugal defendiendo algunas escuadras, entre ellas el Sporting Braga, representativo que por cierto hace ya algunos años le hizo entrega de un merecido reconocimiento, al ser parte del equipo que logró el campeonato, antes de llegar a territorio nacional.

Miguel Ángel Perrichón se ganó el cariño de la afición, gente que lo vio jugar habla de la habilidad y velocidad que tenía desempeñándose por los extremos y recuerdan, también, como cuando no iniciaba y el partido se complicaba para el equipo Irapuato, empezaba el grito en forma general desde la tribuna, pidiéndole el entrenador en curso que lo hiciera ingresar, aplaudiendo en cuanto pisaba la cancha, ya que por lo general daba resultados positivos.
Acompañado de su hijo Diego, siguió las incidencias del compromiso, sin faltar esos tintes de buen humor que lo caracterizaron, al final, como invitado de honor, dirigió unas palabras a los dos equipos, felicitándolos por su desempeño, dando algunos consejos, para colocar las medallas a cada jugador y hacer entrega de los trofeos a vencedores y vencidos.