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Rocio recomienda prever escenarios, tener alternativas posibles, mantener márgenes de maniobra sin perder el control del proyecto / Foto: Cortesía / Rocio Taboada
Rocio Taboada lleva años produciendo imágenes que se reproducen millones de veces. Videoclips con artistas como Rauw Alejandro, Duki, Emilia Mernes o Daddy Yankee, pero también documentales, contenidos para plataformas y series híbridas. Lo suyo no es solo una cuestión de logística: es una forma de entender el detrás de escena como un espacio de equilibrio entre estructura y sensibilidad.
Su manera de trabajar se sostiene sobre una base clara: cada proyecto necesita una idea firme. No se trata simplemente de tener un guion o un brief aprobado, sino de que todas las personas que participan —artista, director, equipo técnico, asistentes— entiendan qué se está buscando contar. Esa claridad permite tomar mejores decisiones cuando, como suele pasar, las condiciones cambian.
En los rodajes no todo sale como fue planificado. Por eso, más que confiar ciegamente en una agenda, Rocio recomienda prever escenarios, tener alternativas posibles, mantener márgenes de maniobra sin perder el control del proyecto. Lo que parece orden, en realidad, es anticipación. Saber que algo va a fallar y estar preparada para resolver sin entrar en caos.
La escucha, dice, es una herramienta clave. Como productora, una parte del trabajo no está en hablar, sino en observar: lo que un director dice sin decir, lo que el equipo necesita para funcionar mejor, lo que se está complicando sin que todavía sea evidente. Detectar a tiempo esos puntos críticos hace la diferencia entre un rodaje fluido y uno que se descompone en silencio.
Ha tenido grandes experienciencias con muchos artístas / Foto: Cortesía / Rocio Taboada
Elegir bien al equipo también es parte fundamental del trabajo. No se trata siempre de contratar a los más experimentados, sino de rodearse de personas comprometidas, responsables, dispuestas a trabajar en conjunto. Los rodajes son espacios de presión, donde la confianza en el otro tiene un valor enorme. A veces eso se construye con tiempo, otras con intuición. Pero siempre tiene impacto.
Rocio también insiste en algo que suele pasarse por alto: no es la tecnología lo que salva una producción, sino la comunicación. Podés tener herramientas sofisticadas, cronogramas automatizados o aplicaciones para gestión de tareas. Pero si las personas no entienden qué tienen que hacer, cuándo y cómo, nada funciona. La clave está en la claridad: hablar con precisión, chequear, confirmar, estar disponible para aclarar dudas sin generar confusión.
Crear un buen clima de trabajo es, para ella, tan importante como cumplir el plan de rodaje. Si el equipo no está cómodo, si hay tensiones innecesarias o falta de respeto, el producto final lo refleja. Por eso intenta generar un entorno donde se trabaje con orden, pero sin autoritarismo. El equilibrio está en ser firme sin dejar de ser empática.
También está la cuestión de los límites. No todo se puede conceder. Parte del rol de productora es saber hasta dónde se puede adaptar una idea sin perder viabilidad. Eso implica tomar decisiones incómodas, poner en pausa ciertas expectativas o reformular lo que parecía inamovible. Saber decir que no, con claridad y respeto, también es parte del oficio.
En su experiencia, uno de los aprendizajes más importantes fue el de delegar. Cuando todo pasa por una sola persona, el desgaste es inevitable. Aprender a distribuir tareas, confiar en otros y sostener la estructura sin absorberlo todo es una forma de cuidar el proyecto, pero también a una misma. Producir no puede convertirse en agotarse para que todo funcione.
Después de tantos proyectos entregados, Rocio no idealiza el proceso. Sabe que algunos salen como se esperaba, otros no tanto. Pero incluso en los que se complican, hay algo para aprender. Por eso, al terminar un trabajo, siempre se toma un momento para revisar qué funcionó, qué no, qué se podría haber hecho distinto. No es autocrítica, es aprendizaje continuo.
Y aunque la industria se mueve a un ritmo veloz, donde todo cambia de una semana a la otra, para ella hay una constante que sostiene todo: no perder de vista el sentido. Recordar por qué se eligió este oficio, qué hay detrás de cada historia, y por qué vale la pena hacer que suceda. En medio de los cronogramas, los permisos, los imprevistos y las entregas, esa pregunta sigue siendo la más importante.