Así vencieron estas mujeres irapuatenses la violencia; reiteran la urgencia de atender y prevenir
La conferencia “Ser mujer” del Ceavif profundiza en el origen de la violencia de género y las cifras que la sostienen
Fátima Arton / El Sol de Irapuato
María vivió 14 años sometida a violencia física, psicológica, económica, patrimonial y sexual.
Contó que sufrió múltiples hospitalizaciones, amenazas constantes y la pérdida de un embarazo de tres meses tras una golpiza.
“Me amenazaba con matar a mis hijos si hablaba; decía que por ser servidor público nadie podía hacerle nada”, relató.
En 2023 decidió denunciar y fue atendida primero en el Centro de Justicia para las Mujeres y luego en el Ceavif, donde recibió acompañamiento psicológico y psiquiátrico.
“Aprendí a valorarme, a poner límites y a entender que ser mujer no debe significar sufrir. Estoy reconstruyendo mi vida y retomé mis estudios”, dijo frente a decenas de asistentes.
“Fui la primera en llegar. Vi la escena y alerté a las autoridades. Gracias a la intervención y a los arcos carreteros, el agresor fue detenido horas después en León”, contó.
Agradeció la atención psicológica y legal que recibió su familia, así como el respaldo de sus compañeros del hospital. “A un año y tres meses se dictó sentencia. Saber que se hizo justicia me permitió respirar”, afirmó.
Fabiola insistió en que ninguna mujer debe esperar a que la violencia escale. “Lo que empieza con un grito puede terminar en un homicidio”.
El peso de los datos: reconocer la violencia desde sus primeras señales
María Magdalena Benavides también alertó sobre el crecimiento de la violencia digital, desde el ciberacoso hasta la difusión de contenido íntimo sin consentimiento.
María Magdalena Benavides explicó el ciclo de la violencia, una secuencia que puede repetirse durante años: la primer etapa es el control, en la que el agresor empieza a decidir amistades, actividades, ingresos, ropa o espacios.
La segunda etapa es la acumulación de tensión, en la que hay discusiones constantes, burlas, invalidación emocional o vigilancia excesiva.
“Este ciclo se repite una y otra vez. La violencia nunca inicia con un golpe; inicia con pequeñas señales que solemos justificar”, advirtió.
Recordó también que la violencia tiene raíces profundas: estereotipos de género aprendidos en la infancia, modelos familiares agresivos y la idea cultural de que las mujeres deben aguantar para “mantener un hogar”.
La sesión concluyó con un mensaje de María Magdalena Benavides que resonó entre las asistentes: “Identificar la violencia a tiempo salva vidas. Y cada mujer merece vivir libre, sin miedo y con dignidad”.

























