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Una explosión en un tanque de gas LP dentro de una vivienda en Villas de San Cayetano, Irapuato, causó un incendio y la evacuación preventiva de varias casas
La presidenta municipal de Irapuato reconoció a quienes trabajaron en la máxima fiesta irapuatense, aseguró que su trato marcó la diferencia en este evento que ya tiene proyección nacional
El regidor aseguró que una situación común en otras ediciones de la feria es que la gente encuentra maneras de meter bebidas alcohólicas, aseguró que aunque hubo un avance en seguridad, se debe atender estas áreas de oportunidad
En 1880 llegó a Irapuato Oscar Droegge, el padre de la Fresicultura Irapuatense. Irapuato 1900.
Mucho antes de que la fresa se convirtiera en símbolo, orgullo y apellido cultural de Irapuato, esta tierra fértil había enseñado a sus habitantes a leer las estaciones, a respetar y padecer el agua y a confiar en la paciencia de la siembra. Fue en ese diálogo silencioso entre la tierra y el hombre donde la fresa encontró su hogar.
A finales del siglo XIX y principios del XX, agricultores visionarios, algunos locales, otros llegados de distintas regiones e incluso del extranjero, comenzaron a experimentar con nuevos cultivos. Entre ellos llegó la fresa, delicada y exigente, pero capaz de recompensar con un sabor intenso y una apariencia inconfundible. No fue amor inmediato: la fresa pidió cuidados especiales, riego constante, suelos bien trabajados y manos expertas. Irapuato aceptó el reto.
Originalmente, de acuerdo con la tradición, don Nicolás Tejeda, en su momento alcalde de Irapuato, después de un viaje a Europa, trajo varias plantas de fresas de Francia, que a su regreso a la entonces Villa se plantaron en las Huertas de Retana, hoy Barrio de Santa Julia, muy cerca del entonces río Silao, hoy bulevar Díaz Ordaz, pero más como una novedad, esto en el año de 1852.
Para la década siguiente, la Hacienda de Arandas, siendo una de las llamadas Haciendas Mixtas, destinó un espacio para la siembra de una pequeña porción dentro de sus tierras para la siembra del cultivo de fresa, más para un consumo particular que para la venta a gran escala, pero para entonces ya México e Irapuato vivían otra etapa de la historia, Una máquina de vapor para crear hielo llegada de Estados Unidos, la Hacienda de Los Hernández, donde se instaló un ingenio procesador de caña de azúcar, hasta entonces uno de los principales endulzantes era el aguamiel y no el azúcar, y una forjadora de metal para crear algo tan sencillo como una cubeta sellada con cinchos de metal, crearon en la Hacienda de Arandas, de la entonces Villa de Irapuato, el helado de crema de fresa, ese que tanto disfrutaba la Emperatriz Carlota durante su estancia en Irapuato y sus visitas a esa Hacienda.
Con el paso de los años, el clima templado, la calidad de la tierra y la disciplina agrícola llegaron a Irapuato otro tipo de agricultores que desarrollaron en Irapuato las primeras innovaciones en la agricultura en siglos, europeos la mayoría de ellos. Karl Luhldolf, en la apicultura; Hipólito Chambón, en la sericicultura, y para las cosechas de las fresas de Irapuato llegó Oscar Droegge, que entre 1880 y 1895 desarrolló una serie de injertos de plantas de fresa que comenzaron a distinguirse por su dulzura y tamaño. Pronto, los surcos rojos se multiplicaron y el cultivo dejó de ser experimento para convertirse en vocación colectiva de generación en generación.
Irapuato empezó a ser nombrado más allá de Guanajuato, Así, la fresa no solo llegó a Irapuato: se quedó. Se integró a su historia, a su economía y a su memoria. Hoy, hablar de Irapuato es hablar de fresas, pero también de trabajo, constancia y orgullo. Porque en cada fresa hay tierra, tiempo y una ciudad que supo convertir un cultivo en identidad
Martín Neto, Voz.
Jesús Arévalo, dirección general.
Para 1895, Irapuato ya exportaba hasta 100 toneladas de fresa a EU. Irapuato 1905.