Entre flores y recuerdos, familias llenan los panteones para honrar a sus seres queridos
No todas las personas visitan el panteón, como es el caso de Doña Lupe, quien arma su altar en casa para evitar que su depresión por la pérdida de su hijo y esposo se agrave
Fátima Arton / El Sol de Irapuato
Gloria Ramírez Vargas, de 63 años, fue una de las primeras en llegar acompañada de sus hijas y nietos, con un ramo de flores, se detuvo frente a las tumbas de sus abuelos y tíos.
Mientras lavaba con cuidado las letras de las lápidas, recordó los años en que el panteón era punto de reunión familiar.
“Antes veníamos todos, mis papás, mis hermanos. Ahora vengo con mis hijos y mis nietos, pero lo hago porque no quiero que se olviden. Es triste, pero hay que venir, es para no olvidarlos”, dijo.
No todas las personas visitan el panteón: Doña Lupe arma su altar en casa
El altar lo arma cada año con ayuda de sus hijas, nietos y vecinos, quienes aseguró querían mucho a su esposo, porque siempre fue una buena persona que buscaba ayudar a quienes más lo necesitaban.
Doña Lupe invierte cerca de quinientos pesos en adornos y comida, aunque aclaró que el altar es un esfuerzo compartido, además de que ya cuenta con la estructura metálica que usa cada año.
“Mi hija me ayudó con las flores y el marco, y mandé hacer la lona con las fotos de ellos. Aquí todos ponen un poquito, y eso lo hace más bonito”, comentó con orgullo.
A diferencia de sus hijas, que visitan las tumbas, ella prefiere quedarse en casa, debido a que desde que su hijo murió, ella sufre de una fuerte depresión, la cual se agrava si asiste al Panteón Municipal.
Su esposo, Gabriel Morales Beltrán, fue ferroviario y muy querido en la colonia; narró que cuando murió, la calle se llenó de vecinos, incluso bajo la lluvia.
“Yo he tratado de portarme bien con todos, y bendito sea Dios, la gente respondió. Aquí me conocen como la señora de Los Ángeles. Y cada año, aunque falten ellos, seguimos juntos”.
Añadió que el altar no dura mucho puesto en su hogar, debido a que a pesar de no ir al panteón a visitar los restos de su hijo y su esposo, igual la nostalgia y la tristeza le afectan demasiado.
En el panteón o en casa, las historias se repiten, las familias de Irapuato siguen honrando a sus muertos con la misma devoción de siempre; entre flores, velas y recuerdos, el Día de Muertos continúa como una celebración viva del amor y la memoria.

























