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Localsábado, 26 de julio de 2025

Despierta esperanza festejo de bebé en Centro Penitenciario de Guanajuato

Su hijo nació cuando ella ya estaba reclusa y ahora celebró su cumpleaños, los muros del Centro Penitenciario Femenil no serán obstáculo para criarlo en el amor y la dignidad

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Fátima Arton / El Sol de Irapuato

La rutina dio paso a un instante de humanidad, la celebración del primer año de vida de un niño que ha vivido toda su existencia entre rejas, un sitio inusual para muchos, un espacio para la readaptación, para la esperanza de comenzar de nuevo, esta familia pudo celebrar la vida, el amor para este bebé nunca faltará.

“Llevo un año recluida en este penal, llegué embarazada de siete meses, hace un año tuve a mi bebé. Se le festejó su cumpleaños y la verdad fue todo inesperado. Fue una fiesta que no me esperaba ni yo, pero me gustó mucho porque mi hijo empieza a conocer cosas fuera de lo que él ha conocido en este año que llevamos aquí”.

Aunque pequeño, el niño reaccionó con sorpresa y alegría ante cada detalle del festejo y con ayuda de su madre, golpeó su piñata, la esperanza floreció en el recinto, no solo para esta mujer y su bebé, sino para todas las que se encuentran recluidas.

“Está chiquito y todo, pero ya empieza a distinguir cosas, hoy la fiesta fue como de sorprenderse de varias cosas nuevas. Me sentí muy contenta y creo que él también, porque lo disfrutó mucho. Doy muchas gracias a todo el personal, de todo corazón, por esta oportunidad”, agregó su madre.

No estuvieron solos, ya que a la celebración también se sumaron familiares y otras mujeres del centro, incluyendo a la abuela del menor, quien también cumple una condena.

“Pensamos que solo habría un pastelito, pero no; se nos hizo muy bonito, ver estos eventos nos hace salir del entorno en que estamos, esto nos sirve a todas las que estamos aquí recluidas”.

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La celebración fue posible gracias a la Dirección General del Sistema Penitenciario del estado, como parte de una estrategia que busca dignificar la infancia en contextos de reclusión y principalmente reforzar los vínculos afectivos entre madres e hijos, incluso dentro del encierro.

Mientras el niño soplaba su primera vela, lo que se encendió también fue una esperanza, la de crecer rodeado de amor, aunque su mundo aún esté delimitado por muros. Una infancia distinta, pero no menos valiosa, una historia que recuerda que, incluso en los lugares más difíciles, la ternura puede abrirse paso.

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