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Localmartes, 3 de febrero de 2026

Estos son los oficios tradicionales que sostuvieron a Irapuato a través de su historia

José Juan López Luna y Martín Martínez Hidalgo, ambos cronistas, reconocieron el valor de los oficios que marcaron la historia de Irapuato como un sitio de prosperidad económica, aunque luego fueron marginados, su legado prevalece en los barrios y las comunidades

Fátima Arton / El Sol de Irapuato

Aunque varios de estos trabajos han desaparecido o se mantienen de manera marginal, su presencia fue clave en la construcción social y cultural del municipio.

Entre los oficios más antiguos se encontró el de los alfareros y olleros, cuya actividad fue común en zonas como la actual plazoleta Miguel Hidalgo y el Barrio de San José.

Así lo dio a conocer Juan José López Luna, periodista y cronista, quien recordó que durante las décadas de 1950 y 1960 el barro formaba parte de la vida diaria.

“En todos los hogares se usaban utensilios de barro, era lo que había; hoy prácticamente es un lujo tener un objeto de este tipo”, comentó.

Explicó que mientras las y los alfareros elaboraban las piezas, los olleros se encargaban de venderlas en la ciudad.

Por su parte, el historiador Martín Martínez Hidalgo señaló que este oficio tenía raíces prehispánicas.

Informaron que otro de los oficios que dejó huella en la identidad urbana fue el de los neveros y paleteros y Juan López Luna evocó la figura de Bartolo, un nevero ampliamente recordado por generaciones.

“No había quien viniera de un rancho o de otro poblado al centro de Irapuato sin pasar por las nieves de Bartolo; eran famosísimas”, relató.

Añadió que años después, conoció a la esposa del nevero, quien le contó cómo preparaban la nieve de bote y la vendían por las calles.

En el caso de las y los panaderos formaron otro gremio fundamental y explicó que muchas panaderías iniciaron como negocios caseros, heredados de abuelos a padres y luego a hijos.

Martín Martínez Hidalgo añadió que el cultivo de trigo fue clave para el desarrollo del municipio.

Ligados a esta cadena productiva estuvieron los molineros y las tortilleras y José López Luna describió que era un trabajo extenuante que comenzaba incluso un día antes.

También hablaron sobre el trabajo del campesino, el cual lo presentaron como uno de los más duros y menos valorados.

“Sin el campesino no comeríamos lo que comemos y, sin embargo, es uno de los oficios menos reconocidos”, afirmó.

Explicó que la jornada se extendía desde antes del amanecer hasta el anochecer, y que de esta labor surgieron otros oficios como el de los arrieros.

Además, abordaron oficios que prácticamente desaparecieron, como el de los hojalateros y José López Luna relató el caso de un taller fundado en 1880, cuya tradición se mantuvo durante 119 años.

“Casi llorando me decía que el día que él muriera iba a desaparecer el oficio, porque ninguno de sus hijos quiso seguir la tradición”, recordó y dio a conocer que hoy el lugar donde funcionó el taller se convirtió en una boutique.

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