Carin León deslumbró a miles de asistentes en la Feria de las Fresas 2026 en Irapuato con una presentación emotiva y auténtica, donde “No es por acá” fue coreada a una sola voz, creando un momento inolvidable
Job Eduardo Gallardo Santellano informó sobre la construcción de un albergue dentro del hospital comunitario, la incorporación de médicos especialistas y avance en la sustituciones del CAISES, con recursos municipales y permisos gestionados ante el estado
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Dependencias, funcionarios y organismos expresaron condolencias y recalcaron la labor que el titular de Japami hizo en materia hídrica durante varios años
El diputado local, Abraham Ramos Sotomayor, sostuvo que el ataque a Roberto Castañeda, es un ejemplo de la preocupante violencia que se vive en el estado de Guanajuato
Señalados con flechas rojas los generales Joaquín Amaro, Plutarco Elías Calles y Fernando Torreblanca, arribando a la Estación de Trenes de Irapuato en 1928.
El presente escrito es una parte de hechos históricos encontrados más allá de nuestra ciudad y de nuestro país y un relato que ocupó durante muchos años la sobremesa de las comidas de nuestra familia, no importaba cuántas veces fuera contado, todos estábamos atentos a las palabras del abuelo Santiago y mi madre Doña Minna. En 1926 estalló la Guerra Cristera en el país y abarcó hasta 1929, al menos oficialmente. Irapuato no se vio exento de estos eventos y muchos de los hombres y mujeres creyentes se involucraron con las guerrillas cristeras de la región.
Los cultos religiosos se hicieron clandestinos y con ello las personas arriesgaban sus vidas a altas horas de la noche para asistir a misas por su fe y sus creencias. Lo mismo bautizos que bodas o funerales se trataban de manera clandestina, en casas, ríos, manantiales de manera casi secreta; eran una constante en estos relatos. Los Cristeros decían luchar porque el gobierno les impedía asistir a misa y celebrar sus cultos.
Plutarco Elías Calles y su gobierno entraron en conflicto con milicias de laicos, presbíteros y religiosos católicos que resintieron la aplicación y legislación de política públicas orientadas a restringir la autonomía de la iglesia católica, la relación entre el gobierno y la Iglesia católica estuvo llena de conflictos, ya que aplicó de manera estricta las leyes en materia religiosa en las que limitaba el número de sacerdotes por el número de habitantes y los restringía a recibir los cultos y fiestas sólo dentro de las Iglesias.
Estas acciones pronto se agudizaron y dieron pie a la llamada Guerra Cristera. El 29 de julio de 1926, se recibe la notificación de la suspensión de cultos en el estado de Guanajuato, ordenándose, además, el inventario de los objetos de culto y que se organizara una junta de vecinos encargada de cerrar los templos, lo que ocasionó una inconformidad de la población y el clandestinaje de los oficios religiosos.
Durante la época Cristera, Irapuato relativamente sufrió poco, ya que se verificó solamente un levantamiento armado dentro de la ciudad, el cual fue liderado el ocho de mayo de 1927 por el señor Zenón Ayala, uno de los primeros Cristeros, vecino del barrio de Santa Anita, quien se levantó en armas en contra el gobierno; fue aprehendido tres días después y fue fusilado públicamente en el atrio de la Iglesia Parroquial (hoy la Catedral). Irapuato fue muy importante durante el conflicto cristero, aquí se asentó la 29a. Jefatura de Operaciones Militares del Estado de Guanajuato, donde se recibían reportes de brotes rebeldes y a donde se llevaban a los acusados rebeldes.
El general José Amarillas tenía a cargo uno de los cuatro cuarteles de la zona centro-occidente y era apodado “El Yaqui”, famoso por su violencia y crueldad, pues todo sospechoso de rebelde era fusilado sin comprobar; se menciona que este general ejecutó a cientos de campesinos del municipio y tuvo duros enfrentamientos con cristeros. De igual manera, el destacamento aéreo que estaba en la ciudad desde su apertura en 1924, debido a la rebelión De la Huertista , siguió combatiendo a las guerrillas cristeras en las cercanías de la ciudad, lo que provocó un clima de relativa calma en la población, pues Irapuato era el punto de partida de las tropas federales para combatir a los rebeldes, abastecimientos, hospital y punto neural por su ubicación geográfica y de la vías del ferrocarril.
Plutarco Elías Calles, encabezando el regimiento de caballería durante la Guerra Cristera por la Calzada Centenario, hoy Díaz Ordaz.
En 1929, ya muerto el general Obregón, presidente electo de México, y estando en su lugar el general Emilio Portes Gil, se dio la orden de acabar con el conflicto a cualquier costo. Joaquín Amaro que tenía a su cargo la encomienda de acabar como general en jefe a la insurrección cristera, inició una campaña para acabar a toda costa con la rebelión.
Así llegó a Irapuato a inicios de junio de 1929, sigilosamente y acompañado de las fuerzas locales del general Amarillas y el general Jaime Carrillo; el objetivo era atrapar a la guerrilla que operaba en las cercanías de Irapuato y que atacaba por las zonas de Cuerámaro, Huanímaro y Pueblo Nuevo. Precisamente en los límites con Irapuato en el Cerro de Panales fue hecho prisionero y martirizado el presbítero Ángel Martínez Razo; años después, en ese sitio, se erigió una capilla, “Los Padres Mártires”, y los restos de estos sacerdotes pasaron a la cripta de mártires de Cristo Rey y a últimas fechas a poder de la Diócesis de Irapuato. En otro evento, el nueve de junio de 1929, ya muy cerca del fin oficial del conflicto cristero que ocurrió el 21 de junio del mismo mes, en el centro de Irapuato, el rumor de que una partida de cristeros estaba en una misa especial era el motivo. Otros afirman que Amarillas tenía unos espías infiltrados entre el grupo guerrillero.
Se acercaron a la entonces Parroquia del Centro (Hoy Catedral) y esperaron la señal de dentro del templo, alguien dejó caer unas monedas al piso, esa era la señal que esperaban, esperaron que los asistentes a la misa salieran y se vieron entonces completamente rodeados de las tropas de Amarillas, Amaro y Carrillo. Alguien desde dentro disparó y la masacre se inició. La sangre que corría desde las puertas de la hoy catedral traspasó el atrio y llegó prácticamente hasta el actual Portal Carranza.
La historia es de don Santiago Rosales. Él era ya un hombre hecho de oficio carpintero, casado y con dos hijas, Minna y Guadalupe. Apresado en el evento del nueve de junio en la Parroquia del Centro, despues de ser hecho prisionero y torturado fue llevado con el grillete en el cuello de la comandancia militar de la hoy calle Álvaro Obregón (Teatro de la Ciudad) a correr la misma suerte de los demás cristeros en la actual Calzada de los Chinacos; al ver la cuerda de presos, la esposa de don Santiago, doña María Meléndez, cargaba a las niñas de su matrimonio de seis y cuatro años en brazos y suplicando al paso de los militares que soltasen a su esposo; finalmente, al llegar a la arboleda donde serían colgados, la mayor de las niñas, Minna, corrió al lugar donde su padre estaba de rodillas y ensangrentado por los golpes de las torturas, el oficial al mando ordeno que la separaran de él y así ocurrió, sólo que la niña se prendió de la pierna del militar que había dado la orden de separarla de su padre, este trato de quitarla sacudiendo la extremidad, pero la niña seguía prendada a la pierna; otro militar saco la pistola e hizo el ademán que iba a disparar y sonó la fuerte voz del militar: “Detente” y dio una orden que no se repitió de nuevo, “Suelten a éste” y se dirigió a don Santiago Rosales y la voz del oficial volvió a tronar “Dale gracias a tú mocosa, te salvo la vida, llévatela y no los quiero ver jamás”.
Los compañeros del abuelo Santiago jamas fueron encontrados ni sus cuerpos. Años después, en 1936, volvieron a ver a ese oficial cuando el abuelo Santiago, integrado como trabajador de la Cigarrera El Águila y siempre acompañado de su hija Minna, asistió a la Plaza de la Constancia donde estaría el presidente de la República, Lázaro Cárdenas. Al entrar a la plaza vieron un militar que encendía un cigarrillo, pero no lo voltearon a ver.
“Qué pasó carpintero, vienes con tú mocosa, pasen” mientras daba una bocanada de humo y sonreía. Era el general Joaquín Amaro y estaba en el gabinete del entonces presidente electo Lázaro Cárdenas; pasaron y mientras un frío de muerte recorrió los cuerpos de don Santiago y Minna; el oficial que amenazó a la niña Minna era el general Amarillas. Fin de la primera parte.
Doña Minna Rosales, a la edad de seis años, meses después de salvar la vida de su señor padre en los eventos de la Calzada de los Chinacos en 1929.