Irapuatenses demuestran con fervor su devoción a la Virgen de Guadalupe; estas son algunas de sus historias
Feligreses compartieron cómo “la madre de las y los mexicanos” los acompañó junto con Dios en la adversidad para salir adelante
Martín Martínez
Irapuato es un referente de la fe guadalupana, las avenidas y calles se llenan de altares, globos, gente caracterizada y sobre todo mucha solidaridad en nombre de los momentos en los que La Virgen acompañó a cada creyente.
Y es que hasta hay un barrio completo nombrado en honor a la Virgen de Guadalupe, toda la colonia y las avenidas aledañas se reúnen en la celebración año con año.
Para Julio César, la visita no es solo una tradición familiar: es un acto profundo de fe y lo expresó con voz firme y emocionada.
“Esta tradición se la inculcamos a mi hija, venimos cada año a dar gracias, a pedir por salud y a agradecer por seguir aquí, juntos”.
“Le doy gracias a Dios y a la Virgencita por estar vivo, por permitirme seguir visitándola cada año. A pesar del accidente, tengo la dicha de seguir aquí con mi familia”, relató con profundo sentimiento.
A lo largo de más de dos décadas, Julio César no ha faltado ni un solo año a la tradicional peregrinación y visita al templo del Puente de Guadalupe.
La presencia de Julio César en la fiesta guadalupana se volvió un recordatorio de que los milagros existen en formas distintas: en la vida, en la fortaleza, en la familia y en la capacidad de agradecer incluso después del dolor.
Historias de fe y superación llegan a agradecer al Templo de la Virgen de Guadalupe
Dentro de las historias de las y los devotos, hay quienes tienen mandas, quienes solo acuden para agradecer un año más de vida y quienes lo hacen por tradición familiar, la fe es la misma y el amor crece cada 12 de diciembre.
José Alvarado González es uno de ellos, su vida ha estado marcada por más de seis décadas de fe, esperanza y agradecimiento a la Virgen de Guadalupe.
Aunque 2025 representa apenas su segundo año participando específicamente en las peregrinaciones, José asegura que su amor y compromiso con la “Morenita del Tepeyac” lo acompañan desde que era un niño.
A sus más de 60 años de visitar a la Virgen, cada diciembre se convierte para él en un recordatorio de los milagros recibidos y del valor de mantener vivas las tradiciones familiares.
José compartió que su mayor satisfacción no solo es llegar al templo, sino ver cómo cientos de personas se reúnen a lo largo de las calles, muchos postrados o de rodillas, esperando con devoción el paso de la peregrinación.
“Lo que más me llena el alma es ver cuánta fe le tiene la gente a nuestra Virgencita. Eso es lo que me motiva a seguir viniendo, mientras Dios me dé vida”.




























