Isidro Delgado dedica su vida a restaurar la fe en Irapuato a través de imágenes religiosas
Aunque sabe trabajar distintos materiales con la técnica tradicional, señaló que este oficio es algo que se ha ido perdiendo y quiere heredarlo
José Luis Cervantes
Aunque Isidro sigue su labor con entusiasmo, nada le emociona más que pensar en el momento en que le abran las puertas en un espacio como la Casa de la Cultura para poder transmitir sus conocimientos y que el oficio no muera.
“Yo aprendí a hacer figuras desde que tenía doce años, me acuerdo que los artesanos que venían de Tlaquepaque, Jalisco, se ponían en el centro y vendían sus figuras”.
Fueron esos artesanos quienes le enseñaron a Isidro a hacer figuras, pues empezaron a tomarle cariño, pues él se dedicaba a hacerles mandados en el mercado.
El patol es un tipo de madera que se utiliza para hacer figuras; por su consistencia blanda, es muy fácil manejarla, sin embargo, ya es poco utilizada para las imágenes, y Chilo siempre observó cómo las trabajaron hasta que aprendió
Recordó que él comenzó haciendo nopales de barro y flores con base, pero sin pintar, todo estaba en la práctica y en poner atención para aprender la técnica tradicional.
“El señor que me enseñó me decía: ‘no te desesperes, primero empieza a hacer las figuras y ya después las pintas’, con el tiempo aprendí a trabajar el barro, yeso, patol y resina”.
Explicó que actualmente trabaja más la resina porque es más barata, sin embargo, la restauración de las imágenes, esa debe hacerla con el material original y ahí es cuando empieza la magia.
“Yo hago lo que me piden, si me piden conejos, los hago, si me piden águilas o tigres, los hago del material que me pidan”.
Destacó que, aunque él tiene los materiales para trabajar figuras de barro, ya nadie las solicita, por lo que tiene todo guardado, esperando que alguien pida algo así.
Mientras tanto, trabaja con figuras que le llevan para reparar, agregó que las más difíciles son las que la gente intenta arreglar con pegamentos comerciales, pues eso arruina el material.
“En cuanto veo una figura que me traen, yo ya sé que la quisieron arreglar, primero tengo que desprender con mucho cuidado todo el material que le echaron a la figura, después limpiarla muy bien y ya después empezar con su restauración”.
Aseguró que cada trabajo lo hace con dedicación y cariño, pues sabe que en cada figura hay una historia, o varias historias, pues algunas son de hace más de tres generaciones y la gente les tiene mucho cariño.



























