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Locallunes, 16 de febrero de 2026

José Luis Gaona, más de cinco décadas entre camotes y tamales en El Ranchito

Desde los 14 años comenzó a trabajar junto a su esposa y, desde entonces, vio su trabajo como una oportunidad para ayudarla para sobrellevar su enfermedad

Fátima Arton / El Sol de Irapuato

Algunos habitantes de la zona lo apodaron Hong Kong, otros Ping Pong, pero para la mayoría es simplemente don José, el comerciante que nunca ha dejado las calles del barrio.

Aseguró que inició en 1968, cuando apenas tenía 14 años, con conocimientos que su padre le heredó sobre cómo preparar elote.

“Desde 1968 empecé a trabajar, ya hace un buen rato. Mis papás me enseñaron lo que hoy sé hacer, mi papá me enseñó cómo preparar el elote y mi mamá a preparar el camote”.

Su rutina continúa prácticamente intacta durante décadas; sale a vender desde las ocho de la mañana y permanece hasta el mediodía; por la noche regresa entre 7:30 y 10:30. Contó que ajusta la oferta según la temporada, pero siempre hay camotes, tamales o elotes.

“Depende la temporada, siempre estamos, nunca descanso, a veces le revuelvo”, explicó.

Describió el proceso de cómo prepara el camote con precisión, como quien ha repetido la misma técnica cientos de veces.

“Son tres días de sol, al tercer día se junta y se pone, ya después se prensa para que suelte la miel”, detalló.

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“Siempre tuve dos trabajos, para poder cubrir el tratamiento que necesitaba mi mujer, era algo caro, pero siempre busqué darle lo mejor”, afirmó.

Explicó que vendía por la mañana y por la noche, incluidos fines de semana, para cubrir medicamentos y tratamientos. Tras su partida hace diez meses, redujo la jornada y dejó de trabajar los sábados y domingos por la noche.

Narró que el futbol fue otro eje en su vida familiar, ya que su esposa formó un equipo femenil de futbol rápido que después participó en modalidad uruguaya, mientras él dirigía uno en la liga local.

“Terminábamos en la liga y nos íbamos con ella a ver los partidos”, recordó.

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“Mi señora les enseñó a mis hijas y yo a mis hijos y ahora todos se dedican al comercio como lo hicimos mi señora y yo en su momento”, contó.

“Me conviene porque tengo que caminar, además de que me gusta mucho trabajar, después de tantos años en esto, no podría estar quieto”, explicó.

Reconoció que el barrio ya no es el mismo, ya que antes, las familias salían a sentarse en la banqueta y el comercio fluía con naturalidad; con el paso de los años y la violencia, la dinámica cambió.

“Antes la gente se sentaba afuera de su casa y se vendía más, ahorita ya no, por eso prefiero meterme a mi casa temprano, para no exponerme de más y ya no me compra nadie por la noche”, lamentó.

Aún así, José Luis Gaona sigue presente en las calles del Ranchito, sosteniendo una historia que mezcló trabajo, familia y barrio durante más de medio siglo.

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