¿Los usaste? Teléfonos de monedas en Irapuato aún están en servicio. Así funcionan
En caso de emergencia o cuando no se cuenta con celular, pueden convertirse en una buena opción de comunicación
En caso de emergencia o cuando no se cuenta con celular, pueden convertirse en una buena opción de comunicación

Paul Witrago / El Sol de Irapuato
En pleno siglo XXI y con la llegada de los teléfonos móviles y la expansión de la cobertura de internet, los teléfonos públicos parecen un recuerdo del pasado; sin embargo, en el municipio de Irapuato algunas cabinas telefónicas de monedas todavía permanecen de pie, resistiendo el paso del tiempo.
Aunque muchos de estos teléfonos parecen fuera de servicio o deteriorados, la realidad es que aún tienen una función esencial: Sirven en casos de emergencia.

Los pocos teléfonos que existen en la ciudad y que se encuentran principalmente en la zona centro y lugares estratégicos como afuera de hospitales son operados por BBG Comunicaciones es la empresa en telefonía pública de monedas en México u OTP (la del perico), quienes aún ofrecen la posibilidad de conectarse con familiares o amigos ante la falta de un celular.
Recientemente algunos habitantes de la ciudad han señalado que los teléfonos públicos de monedas, aunque en muchos casos maltratados y con signos evidentes de desuso, continúan siendo una opción válida cuando se requiere realizar una llamada urgente y no se dispone de un teléfono móvil o de acceso a otros medios de comunicación. En situaciones imprevistas, estos teléfonos pueden ser el último recurso para contactarse con familiares, amigos o autoridades, en situaciones donde el teléfono móvil se queda sin batería o crédito.

No obstante, más allá de su función práctica en emergencias, estos teléfonos públicos evocan un sentimiento de nostalgia entre los habitantes de Irapuato, especialmente entre aquéllos que crecieron en una época en la que las llamadas largas no eran sólo una costumbre, sino casi una tradición.
Antes de la llegada de los teléfonos móviles, muchas personas solían acudir a estas cabinas para mantener largas conversaciones, a veces durante horas, con familiares o amigos que no estaban cerca.
Los sonidos característicos del monedero, las monedas cayendo, y la espera de que el teléfono se desocupase, formaban parte de una rutina compartida en los barrios de Irapuato.
“Recuerdo que antes la gente se formaba en las cabinas, esperando su turno para hablar con alguien. Las pláticas eran largas, sin prisas, y no como ahora con los mensajes cortos y rápidos. Es algo que se extraña”, comenta Anita Ramírez, una vecina de la zona centro.
Con la llegada masiva de los teléfonos celulares, los teléfonos públicos de monedas fueron perdiendo gradualmente su relevancia. La gente ya no necesitaba esperar en largas filas ni preocuparse por contar las monedas exactas para realizar una llamada. Las nuevas tecnologías trajeron consigo la inmediatez y la conectividad constante. Sin embargo, algunos de estos teléfonos aún se mantienen en funcionamiento, aunque sin el bullicio ni la actividad frenética de antaño.

Para los más jóvenes, estas cabinas pueden parecer obsoletas o innecesarias. Sin embargo, para algunos adultos mayores o personas en situaciones de vulnerabilidad, el teléfono público sigue siendo un recurso valioso. Además su presencia en puntos estratégicos de la ciudad sigue siendo una muestra del pasado y un testimonio de cómo las formas de comunicación han evolucionado con el tiempo.
Aunque los teléfonos públicos de monedas parecen pertenecer a una era que ya no existe, en Irapuato siguen siendo un vestigio de aquéllos tiempos en los que la comunicación era más lenta, pero, quizás, más profunda.
Hoy en día, su función ha cambiado, pero no se puede negar que, para algunos, estos teléfonos siguen siendo una válvula de escape en momentos de necesidad. Así, aunque la mayoría de los ciudadanos ya no acuda a ellos para mantener largas pláticas, en situaciones de emergencia, estos aparatos siguen demostrando que, a veces, la tecnología más simple es la más confiable.
Con información de Myriam Bustos.
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