Pedro Servín: Cuatro décadas de oficio en el tejido de sillas
Aseguró que ésta es una artesanía en peligro de extinción
Fátima Arton / El Sol de Irapuato
“Aprendí esto gracias a un tío, que en paz descanse. Él me enseñó cuando tenía unos 18 ó 19 años, y desde entonces no he parado”, comentó y reconoció que este oficio es cada vez menos común.
“La mayoría de los que aún lo hacemos se van a los ranchos. Yo prefiero quedarme en las calles, caminando y gritando para que la gente me oiga y me busque”.
El proceso, explicó Pedro, no es fácil. Recorre colonias enteras durante semanas, cargando materiales y herramientas, hasta que alguien solicita sus servicios.
“Antes tocaba puertas, pero la gente se molestaba. Ahora sólo grito y quienes tienen sillas para arreglar me llaman o me indican dónde ir”, relató.
A pesar de las dificultades, Pedro Servín nunca abandonó su oficio principal.
“Intenté trabajar como albañil y en seguridad privada, pero no me gustaba estar encerrado esperando la quincena. Con este trabajo, mucho o poco, siempre tengo algo en el bolsillo”, señaló.
El artesano también se adaptó a los cambios en las necesidades de los clientes.
“Muchas personas tiran las sillas viejas o las venden como fierro viejo. Yo las recojo, las pinto y las dejo al gusto del cliente. Es un trabajo artesanal que ya casi nadie hace”, agregó.
También destacó la importancia de mantener viva la elaboración de este tipo de sillas.
“Esto no es solo un oficio, es una artesanía. La gente lo valora porque le da una nueva vida a sus muebles. Lo hago con gusto, aunque cada vez somos menos los que sabemos hacerlo”, concluyó.





















