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Localjueves, 4 de diciembre de 2025

Pirotecnia, una tradición que se volvió barrera para personas neurodivergentes

Para una persona neurotípica, un estallido inesperado de la pirotecnia podía compararse con alguien que llegaba por detrás y gritaba al oído

Fátima Arton / El Sol de Irapuato

Comentó que desde septiembre, con las fiestas patrias, inicia el uso de pirotecnia; después siguen las celebraciones religiosas en noviembre y diciembre.

“Es cultural porque toda la vida lo han utilizado, es un festejo y hay personas y negocios que viven de esto”, dijo.

Sin embargo, consideró que ese arraigo debía repensarse a la luz del entendimiento actual sobre cómo los estímulos sonoros afectan a quienes tienen mayor sensibilidad sensorial.

Explicó que, para una persona neurotípica, un estallido inesperado podía compararse con alguien que llegaba por detrás y gritaba al oído.

“Eso no te va a agradar. Bueno, así se siente. Y después de uno viene otro y otro, y tus sentidos se elevan hasta que dices: ‘ya, por favor’. Es una invasión sensorial que detona emociones negativas”, expuso.

Añadió que esta reacción no siempre era comprendida por la población, ya que muchos proponían usar audífonos especiales, sin considerar que era imposible saber a qué hora exactamente sonaría un cuete.

“Nos sentimos como si hubiéramos ido a la guerra, como en un campo donde se oían balazos”, recordó. Después del evento, su hijo necesitó caminar, escuchar música y recibir masajes para poder regularse y disminuir la ansiedad.

Aseguró que casos como éste son frecuentes en la clínica. Lizbeth Villalvazo recordó que un niño que vivía cerca de zonas de peregrinaciones lloraba cada vez que escuchaba la pirotecnia y corría a refugiarse con su mamá.

Como madre, dijo sentirse impotente porque lo único que podía hacer era abrazarlo. Aunque ahora contaban con audífonos especiales, estos solo ayudaban parcialmente. Para ella, la ciudad necesita mayor empatía y regulación.

“Deberían controlar los decibeles o poner horarios. También controlar la venta clandestina. Hasta que no están en nuestros zapatos no entienden el sufrimiento de estos pequeños”, expresó.

“Necesitamos conciliar, porque vivimos en un mundo con diferentes sensibilidades y formas de ser. La responsabilidad es de todos”, afirmó.

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