Por lluvias, colapsa cúpula del templo hundido de la presa La Purísima
Durante años, este lugar fue presumido como punto turístico; también, por años, fue ignorado, casi como la comunidad que aún lo alberga
Oscar Reyes
Este templo se mantenía como el último testigo físico del antiguo pueblo de El Zangarro, el sitio que desapareció bajo el agua para dar paso a una de las obras hidráulicas más grandes de Guanajuato: la presa La Purísima.
El hundimiento de un pueblo
En 1973, una de las inundaciones más recordadas en Irapuato aceleró la decisión de construir una presa capaz de controlar las aguas provenientes de la zona serrana de Guanajuato capital.
De acuerdo con la Comisión Nacional del Agua, la presa La Purísima fue diseñada para almacenar hasta 110 millones de metros cúbicos. La obra, sin embargo, implicaba un costo: el sacrificio de un pueblo entero.
El último día en El Zangarro
Juan Mendoza, pescador de la zona, contó a Organización Editorial Mexicana, que tenía nueve años cuando comenzaron las obras. Recordó que su familia fue de las últimas en salir del pueblo.
A espaldas del templo, estaba el panteón y que da fe de que los más viejos fueron enterrados a finales de los años 1800; a un costado, había un taller de costura que elaboraba camisas para hombres y su placa dice que empezó a operar en 1879; de novohispano tenía nada.
“Esa misa fue como una despedida de todo. Todos fuimos. Después de eso ya no volvimos abajo”, contó Juan Mendoza.
La espera del agua, a costa de su patrimonio
Los objetos del templo, un tesoro flotante
“Un día dicen que brotó un sagrario de oro y que alguien lo tomó y se fue a vivir a León. Otro encontró una copa y con eso pagó la operación de su hija. También se veían escapularios, cadenas y hasta pedazos de ropa”, contó Juan Mendoza.
Los relatos pasaban de generación en generación, mezclando recuerdos con leyenda. Para muchos, eran sólo historias; para otros eran señales de que el templo aún conservaba parte de su antiguo esplendor bajo el agua.
El turismo en torno a la memoria
La caída de la cúpula
Los pescadores y comerciantes de la zona fueron los primeros en notarlo.
Dijo Luis que cuando llegó a trabajar, no vio nada anómalo, pero el miércoles 15 de octubre vio cómo maderas que, según le dijo su papá, a lo mejor provenían como últimos vestigios del antiguo templo flotante.
Ciertamente no hubo testigos directos del momento exacto del colapso, pero el derrumbe fue evidente al amanecer del domingo; unos dicen que ya tenía tiempo, a otros les sorprendió no ver el templo completo el domingo; por ejemplo a los que hacen tour en kayak por la zona.





























