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Localmartes, 30 de diciembre de 2025

Rogelio Salazar, más de cinco décadas en servicio en el Heroico Cuerpo de Bomberos en Irapuato

Compartió que ha tenido distintas experiencias tanto positivas como negativas, pero aseguró que la recompensa es mayor al poder salvar vidas

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Fátima Arton / El Sol de Irapuato

Con más de cinco décadas de servicio voluntario en el Heroico Cuerpo de Bomberos de Irapuato, Rogelio Salazar García, se convirtió en uno de los rostros que resumen la historia, el sacrificio y la vocación de esta institución.

A sus 72 años, continúa acudiendo a la estación para apoyar cuando el tiempo y las fuerzas se lo permiten, impulsado por una convicción que, según relató, nació desde su juventud y nunca se apagó.

Rogelio Salazar García recordó que su interés por ser bombero surgió cuando aún era adolescente y explicó que ese deseo de servir se mezcló con el gusto por apoyar a la gente, algo que marcó su vida desde temprana edad.

Relató que sus padres no estaban de acuerdo debido al riesgo que implicaba, pero tras insistirles y dejarles claro que era algo que le apasionaba, le firmaron un permiso para que pudiera comenzar a ser voluntario.

“No me dejaban, tenían miedo de que me pasara algo. Decían: ‘¿y si te pasa algo, quién te va a ayudar?’, pero yo me aferré. Yo quería ser bombero. Para poder entrarle, tuve que presentar una carta firmada por ellos debido a que era menor de edad y sólo así pude ser parte de los bomberos”.

A lo largo de más de medio siglo, fue testigo y protagonista de emergencias que marcaron a la ciudad.

“Me tocó distintos incendios como Blanco, me tocó Conazupo, furfural y derivados, ahí nos dimos una semana completa. También un avionazo en Santiago Maravatío, un Boeing 727. Son muchas cosas que ve uno y que no quisiera ver”, relató.

Reconoció que lo más complicado de la labor fue, en ocasiones, no poder ayudar cuando el tiempo o las circunstancias no se lo permitían.

“Eso es lo más difícil, querer estar y no poder apoyar, a veces me tocaba recibir los reportes mientras estaba trabajando y no podía asistir, eso siempre me ha afectado”, expresó.

Entre los recuerdos más dolorosos mencionó la inundación de 1973, donde ya comenzaba a brindar su ayuda a quienes lo necesitaban.

“Fue muy triste, me tocó andar sacando gente, ayudando a muchas familias. Mucha gente no creía hasta que lo vio en realidad”, recordó.

Sin embargo, también conservó memorias que le dieron satisfacción y compartió el caso de un hombre que sobrevivió a una agresión grave gracias a que llegó a tiempo para auxiliarlo y a la fecha, se volvieron muy amigos y no pierde la oportunidad de agradecerle.

“A mí me tocó llevarlo al hospital, le habían abierto el estómago en una riña, estaba muy mal. Después fui a su casa y él siempre ha dicho que vive por mí. Son cosas que le dan a uno mucha satisfacción”, comentó.

Además de su labor como bombero, trabajó durante años como soldador en talleres de muelles y en empresas grandes; aun así, nunca dejó el voluntariado. Reconoció que la corporación siempre necesitó más manos.

“Sí hacen falta más voluntarios. No nos damos abasto. Ojalá los jóvenes se animen a unirse a nosotros, les prometo que no se van a arrepentir al saber que gracias a ellos pueden salvar vidas”, señaló.

Padre y abuelo de siete nietos, compartió que una de sus nietas expresó el deseo de seguir sus pasos, ya que lo ha visto como una inspiración.

“Ella dice ‘mi abuelo es bombero’ y quiere estar aquí. Su mamá le dice que primero estudie, que se prepare como paramédico. Eso a uno le da orgullo y me llena de felicidad que la haya animado a ser como yo”, afirmó.

Sobre la vida diaria de un voluntario, explicó que el apoyo dependía del tiempo disponible.

“Venimos dos, tres, cuatro horas. Hay guardias de noche, de ocho a ocho. Aquí estamos apoyando hasta que las fuerzas aguanten”, dijo.

Aunque por su edad ya no se capacita ni atiende fuego de forma constante, destacó que siempre está dispuesto a apoyar y concluyó al enviar un mensaje a la juventud.

“Que se cuiden mucho y que, si quieren ayudar a la ciudadanía, aquí los esperamos. Es una labor sucia, pero muy bonita. Son más momentos buenos que malos. Cuando los niños nos ven y nos aplauden, se siente muy bonito que la gente nos tome en cuenta”.

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