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Localdomingo, 16 de noviembre de 2025

Una bala perdida en Irapuato cambió la vida de María del Carmen Cervantes

Tras la pérdida de su hijo quien le ayudaba a salir adelante, sufrió una lesión en su pierna por una bala perdida, por la cual requerirá una cirugía y recibió el apoyo del Club de Leones

Fátima Arton / El Sol de Irapuato

Hace seis años perdió a su hijo, quien le ayudaba a sostenerse económicamente, por lo que ahora se dedica a vender servilletas bordadas y tejidas.

“Me dedico a vender mis servilletas y carpetas bordadas y tejidas, tristemente son cosas que la gente ya no compra, pero de todos modos diario me voy a vender a las calles, busco sombrita y ahí me quedo hasta que se me va el día”. 

Añadió que su precio varía, pero las servilletas dobles alcanzan los 150 pesos, con distintos diseños, pero principalmente de flores.

“El bordado es un oficio que aprendí de mi madre y que con eso como, a veces no vendo nada, pero afortunadamente no me preocupo mucho por la comida, porque siempre hay gente buena que no duda y me brinda un taco cuando me ven trabajar”.

María del Carmen Cervantes compartió uno de los episodios más dolorosos de su vida, la muerte de su hijo; relató que lo asesinaron hace seis años en su lugar de trabajo, frente a una caseta en la colonia Villas de Irapuato

Mencionó que tenía más hijos, pero que no la frecuentan, por lo que prácticamente vivía sin apoyo familiar. Aun así, sostuvo que seguía trabajando todos los días, camina desde temprano, recoge su leche, regresa a casa y luego sale a vender sus bordados.

“Ese es mi sostén, es poco lo que consigo pero gracias a la silla de ruedas podré hacer mi trabajo sin tanto pesar; me gusta caminar aunque me duela mucho, me ayuda a distraerme y no recordar cosas tristes”, expresó.

A pesar de sus dificultades, dijo que confiaba en Dios y que él la asistía incluso en los días más difíciles.

Con la entrega de la silla de ruedas, los miembros del club le reiteraron que no estaría sola. Le ofrecieron acompañamiento y la posibilidad de apoyos futuros. Ella respondió con gratitud.

“Les deseo lo mejor, mucha salud y vida para que sigan ayudando a más personas que como yo, en cierto punto de sus vidas se ven desamparadas”.

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