Sobre todo, porque los primeros pasos ya se habían dado en Yucatán, tras la creación del Partido Socialista y la elección de las incipientes mujeres votadas para cargos de representación popular.
La sentencia envía un mensaje a las autoridades respecto a la urgencia de la protección de las personas buscadoras en el país y es un reconocimiento a la determinación de la familia Barajas por alcanzar justicia
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En nuestro país, hablar del 10 de mayo como una fiesta nacional, es dedicar un espacio de valoración a la función materna de las mujeres; al menos para aquellas que decidieron serlo. Sin embargo, los orígenes de dicha festividad realmente fueron por cuestiones políticas y electorales. Recordemos brevemente que durante el Porfiriato (1876-1911), las mujeres accedieron paulatinamente a las escuelas normales, institutos literarios, academias o centros de formación en las artes, a las primeras universidades, al periodismo, a las actividades administrativas y de recepción en las empresas o negocios privados e instituciones públicas, a la vida obrera de tantas fábricas, al servicio doméstico de las grandes haciendas henequeneras, cafetaleras, etc; debido a las exigencias del mundo moderno, y del cual, México logró insertarse tardíamente.
Relacionado con estos cambios, aparecieron en el escenario nacional líderes feministas: Rita Cetina, Laureana Wright de Kleinhaus, Matilde Montoya, Juana Belén, María Sandoval de Zarco, Carmen Serdán, Dolores Jiménez y Muro, entre otras no menos destacadas. A pesar de sus diferencias sociales, económicas, educativas, geográficas, culturales, tuvieron un punto de unión, en dicho caso la defensa de las mujeres.
Tras la irrupción del movimiento revolucionario (1910-1917), más féminas fueron sumándose a éste, justamente por el ideario de “cambio”, el cual en efecto así lo fue para los hombres; sin embargo en la situación femenina, sólo se consiguieron determinados derechos laborales de la Constitución Política, más no los electorales, a pesar del esfuerzo de la secretaria de Venustiano Carranza, la activista Hermila Galindo. Lo anterior ocasionó, que en la ciudad de México, se crearan entre 1918 y 1919, el Consejo Nacional para las Mujeres, el Consejo Feminista Mexicano y el Centro Radical Femenino, con la intención de integrar a las féminas en una especie de redes de apoyo para la exigencia del voto.
Recordemos que Yucatán, bajo el gobierno del Gral. Salvador Alvarado, fue organizado un Congreso Feminista y posteriormente, con el Gral. Felipe Carrillo Puerto (1922-1924), las yucatecas obtuvieron el derecho a votar y ser electas para los cargos de representación popular; destacando la maestra María Rosa Torres en el ayuntamiento de Mérida, mientras que las tres primeras diputadas locales en la historia del país, fueron la poetisa Raquel Dzib, Beatriz Peniche y Elvia Carrillo Puerto. En la capital del país, los efectos del movimiento feminista tuvieron ciertamente, repercusiones en el cuatrienio presidencial de Álvaro Obregón (1920-1924), el cual a pesar de haber egresado de la Revolución y conocer las necesidades de los sectores marginados, se mantuvo distante de las exigencias electorales de las mujeres. En un intento por controlar los reclamos, desaires, debates y polémicas suscitadas por las feministas, fue lanzada una convocatoria desde el Periódico Excelsior y la Secretaría de Educación Pública a cargo de José Vasconcelos, para la celebración de un día dedicado a la mujer, con una clara aceptación por parte de los grupos conservadores.
Así, el 10 de mayo de 1922, fue declarado como el “Día de las Madres”, exaltándose las funciones y cualidades de las mujeres “madres de familia”; entre ellas, la abnegación, el trabajo del hogar, el cuidado de los hijos e hijas, el carácter de mártir, la reproducción biológica, ajena a cualquier manifestación electoral y la revaloración de la familia como el espacio ideal. En pocas palabras, se trató de una táctica gubernamental, que en su momento retomó una parte sensible de la sociedad mexicana, en este caso el de la madre y con ello, minimizar el avance de las ideas feministas; las cuales, comenzaban también a abordar el control de la natalidad, lo mismo que los derechos electorales pendientes para las mexicanas.
Lo anterior, fue tan sólo el comienzo de una conmemoración nacional, la cual con el transcurrir del tiempo, llegó a consolidarse en el imaginario colectivo de la sociedad mexicana. No obstante, la celebración del “Día de las Madres”, actualmente va más allá de la parafernalia del consumismo y los regalos. Al menos en México, las muertes maternas por la violencia doméstica y de género, nos llevan a pensar, que la función de una madre, en muchas ocasiones también conlleva explotación, sometimiento, carencias económicas, desigualdades e inequidades, acoso en el ámbito laboral, etc. De ahí, que este día, sea de una reflexión crítica sobre cómo viven, piensan y sienten nuestras progenitoras, pues sus luchas de resistencias son elementos de hacer política desde los propios hogares y las familias.