Uno de los fenómenos más complejos que hemos podido observar es el de la globalización, cuyo concepto radica en la integración de las distintas economías, culturas y sociedades que existen en el mundo, esto con la finalidad de generar un mayor desarrollo mediante el aprovechamiento de la tecnología, información y conocimiento que comparten diversas regiones o países sumadas a este fenómeno.
Para lograr que el progreso económico entre regiones estas deben de aportar algo a la mesa, es decir, la nación A proporciona el bien X a la nación B ya que esta última no cuenta con las condiciones para producir dicho bien (ya sea por cuestiones naturales, mano de obra, tecnológicas o algún otra) y, en contraparte, la nación B proporciona el bien Y que la nación A no puede producir. Una vez que se dan las condiciones anteriores da inicio a lo que conocemos como comercio (intercambio de bienes a un precio justo) y, para que este sea lo más neutral posible existen los tratados comerciales, cuyo fin último es el de establecer las reglas del juego: derechos, obligaciones, mecanismos para resolver conflictos y sanciones (para quienes violen dichos acuerdos).
Ahora bien, cuando distintas naciones o regiones firman sus tratados de comercio se dan posicionamientos donde cada uno de los participantes busca sacar provecho de sus ventajas competitivas y comparativas donde la lógica que pregona es la de vender lo que mejor sabes hacer (a un precio muy competitivo) y comprar lo que no sabes hacer de manera eficiente (comprar a un precio relativamente barato) sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas ya que puede darse un escenario donde las naciones involucradas tengan vocaciones similares (industria automotriz para el caso de México y USA) y ambas buscarían beneficiarse de la exportación de estos bienes tratando de importar lo menos posible.
Lo anterior muchas veces genera conflicto, como es el caso de Estados Unidos y México (gracias a las ideas nacionalistas de Trump) sobre todo cuando se toma como base la balanza comercial entre países, que no es más que la diferencia entre lo que se exporta e importa hacia un país. Para Trump tener un déficit en la balanza comercial es razón suficiente para amenazar e imponer aranceles al otro país, sin embargo, la realidad de la balanza comercial depende de cuál sea la óptica que se le quiera dar, algunos de los pros de tener superávit en la balanza comercial son: fortalecimiento de la moneda, aumento de las reservas internacionales, mayor competitividad a nivel global, generación de empleo y exportaciones. Por otro lado, algunas de las ventajas que podemos encontrar cuando se tiene déficit en la balanza comercial son: la importación de bienes de capital que coadyuven al crecimiento económico mediante la inversión fija en dicho país, lo que tiene impacto positivo en el empleo, ingreso per cápita, avances tecnológicos, adquisición de productos de mejor calidad a un menor precio, entre otros.
Querido lector, la columna de hoy tiene la finalidad de abordar una palabra que desde hace un par de meses se ha escuchado al por mayor, Aranceles y que, dicho sea de paso, es la palabra “más hermosa” dentro del vocabulario del presidente Trump, dicho por el mismo.
Uno de los mecanismos más utilizados para regular el comercio y proteger a los productores locales frente a las importaciones es la implementación de aranceles, cuya finalidad es aumentar el precio final del producto lo que tiene un impacto en la cantidad demandada sin embargo, esto no sólo perjudica al productor que está exportando dicho bien sino al consumidor que ahora tendrá que desembolsar más para comprar el mismo producto lo que orillaría al consumidor final a buscar otro bien sustituto que cumpla con las características del bien a sustituir, esto debido a la elasticidad precio de la demanda que no es más que el cambio en la cantidad que se demanda de un producto cuando este tiene alguna variación en el precio.
Para concluir, hace unas semanas el mismo Trump calificó a los aranceles como la palabra “más hermosa” haciendo alusión a que estará implementando aranceles del 25% a todos los productos importados de origen Mexicano y Canadiense si estos países no tomaban acciones inmediatas para disminuir y atacar el tráfico de drogas, personas y armas en sus fronteras (sobre todo la mexicana). El día de mañana se prevé como el día D donde se dará inicio a esta posible guerra de aranceles si es que el gobierno de Trump decide llevar a cabo esta maniobra comercial, lo que tendría repercusiones negativas en las tres naciones.