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Localdomingo, 12 de octubre de 2025

Casa de los Soles: un rincón donde brilla el arte, el amor y la luz de SMA

Este recinto resguarda más de 2,650 piezas de México y el mundo. Jorge Olalde abrió este espacio que, más que un museo, invita a los visitantes a crear y compartir con la energía de cada sol y corazón

Andrés Téllez

Recogían soles en sus viajes por México y convirtieron este lugar de hospedaje en una experiencia única.

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Empezamos con una bardita, solo con los soles que recolectábamos donde íbamos”, recuerda Olalde.

Con el paso del tiempo, esa pequeña colección se transformó en un universo luminoso: dos mil 650 soles de distintos tamaños, colores y materiales que hoy cubren muros, escaleras, terrazas y habitaciones.

Algunos están hechos de barro, otros de metal o cerámica, algunos pintados a mano, y todos cuentan una historia distinta.

Su casa no solo se convirtió en un atractivo turístico, sino también en un espacio de encuentro para artistas, viajeros, fotógrafos y soñadores que buscan inspiración.

“Aquí se han hecho pedidas de mano, sesiones de fotos para novias, campañas de moda y grabaciones musicales. Y todo, como subraya Olande, “sin cobrar un peso a los turistas, porque la casa es para compartirla”.

Pero más allá de su belleza visual, la Casa de los Soles guarda un tesoro adicional: la experiencia de pintar un corazón.

En la terraza, bajo la guía de Sebastián, diseñador gráfico, y Fabricio, pintor y muralista, los visitantes pueden elegir un corazón de cerámica y darle vida con sus propios colores y emociones.

Durante dos horas, los artistas los acompañan paso a paso, compartiendo técnicas y consejos, hasta que cada corazón se convierte en una obra única, firmada por el visitante y sellada con el espíritu del lugar.

El maestro nunca los deja solos”, cuenta Jorge; los guía, los ambienta, los anima a terminar una buena obra. Y cuando acaban, se llevan su corazón, su creación y una experiencia que no se repite.

En ese taller al aire libre, entre pinceles, risas y la calidez de los soles, los visitantes descubren algo más que una actividad artística: una forma de conectar con el arte, con la ciudad y consigo mismos.

“Cada pieza es única, como cada persona que la pinta. Aquí todo tiene alma, porque el sol representa la vida, la energía y la esperanza”, indicó Olalde.

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