El rollo y la picota, monumentos olvidados y su historia en México
El historiador Oswaldo Ramírez explicó que los rollos y picotas fueron monumentos usados en la Nueva España para aplicar castigos públicos y representar la autoridad de las villas, entre ellas Celaya, donde aún se conserva uno de estos vestigios
“En su momento, la picota era el punto donde se hacía visible la justicia. Hoy representa un testimonio del pasado y una parte del patrimonio que no debe perderse”, comentó el historiador.
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A un costado del templo de San Francisco se encuentra uno de estos instrumentos. / Foto: Alan Tovar / El Sol del Bajío
Celaya, Gto.- El historiador Oswaldo Ramírez expuso que los rollos y picotas fueron estructuras que representaron la autoridad y la aplicación de la justicia durante la épocavirreinal en México. Estas columnas, generalmente eran colocadas en las plazas principales y se utilizaban para exhibir o castigar a las personas acusadas por distintos delitos.
De acuerdo con Ramírez, la picota tuvo un origen aleccionador en España, donde marcaba que una villa tenía el poder para impartir justicia. En la Nueva España, esta función se mantuvo, aunque también adquirió un carácter punitivo y simbólico, al ser empleada en actos de escarnio o ejecución pública.
Las primeras picotas eran de madera, pero con el tiempo se sustituyeron por columnas de piedra tallada conocidas como rollos, donde se colocaban grilletes o se amarraba a los condenados. Su función era mostrar el poder de las autoridades locales y forzar el orden social de la época.
El investigador explicó que, a partir del siglo XIX, con la Constitución de Cádiz de 1812 y el avance de los movimientos liberales, estos monumentos empezaron a verse como símbolos del antiguo régimen y fueron retirados o destruidos en distintos puntos del país. “La picota pasó de representar justicia a ser vista como un signo de represión”, mencionó.
En su momento, la picota era el punto donde se hacía visible la justicia. Hoy representa un testimoniodel pasado y una parte del patrimonio que no debe perderse.Oswaldo Ramírez
En México existieron picotas en Querétaro, Puebla, Oaxaca e Hidalgo, entre otros lugares, aunque la mayoría se encuentra hoy abandonada o deteriorada. Según el historiador Ramírez, solo una pequeña parte conserva inscripciones o leyendas que explican su origen y significado histórico.
La estructura es del siglo XlX / Foto: Alan Tovar / El Sol del Bajío
Durante siglos, estos monumentos fueron parte del paisaje urbano. En ellos se castigabapúblicamente a esclavos,conspiradores o sacerdotes acusados de faltas morales. En algunos casos, se llegaba a desmembrar a los condenados como forma de ejemplo para la población.
Ya no es visible donde llevaba los grilletes. / Foto: Alan Tovar / El Sol del Bajío
Ramírez explicó que Celaya conserva una picota que forma parte de este legado histórico. Por sus características, se estima que no fue construida después del siglo XIX y que su ubicación actual podría no ser la original. Lo más probable es que estuviera en la plaza principal y fuera reubicada posteriormente durante algún conflicto o proceso de resguardo.
El monumento se encuentra a un costado del templo de San Francisco en el centro de Celaya y mide alrededor de cuatro metros de altura y muestra señales de los antiguos remaches donde se colocaban los grilletes, además de que su estructura coincide con otras picotas virreinales documentadas en el país.
Solo había dos maneras de salir del rollo. / Foto: Alan Tovar / El Sol del Bajío
El origen de estas estructuras se remonta a la Edad Media en España, donde su presencia daba validez jurídica a las villas. En América, fueron impuestas como parte del sistema colonial y su uso se extendió durante más de dos siglos.
El ponente recibio un reconocimiento. / Foto: Alan Tovar / El Sol del Bajío
El historiador agregó que incluso existieron órdenes religiosas encargadas de recoger los restos de los ajusticiados y darles sepultura cristiana, pues se creía que los condenados no podían alcanzar el descanso eterno sin ese ritual.
El historiador Oswaldo dio a conocer su libro Rollos y Picotas. / Foto: Alan Tovar / El Sol del Bajío
En algunos lugares, como Otumba, la picota fue modificada con el paso de los años; en la década de los noventa, parte de su estructura fue incorporada a una imagen religiosa, lo que refleja el desinterés en la conservación de estos vestigios. El historiador subrayó que los rollos y picotas no deben verse como glorificación de la violencia, sino como elementos que permiten entender cómo se ejercía la justicia y el poder en la sociedad virreinal.
Actualmente, su estudio busca preservar la memoria histórica y evitar que estos monumentos desaparezcan por falta de atención o desconocimiento. “Son parte de nuestra historia. En su tiempo representaron autoridad, hoy representan memoria”, concluyó Oswaldo Ramírez.