San Miguel y sus fuentes, joyas de agua, piedra y memoria
San Miguel de Allende cuenta con un legado de pilas centenarias que relatan historias en su murmullo de agua. A través de sus piedras y monumentos, estas fuentes no solo surtieron de agua a generaciones, sino que decoraron la ciudad con belleza, mitología y memoria viva
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La fuente del templo de San Francisco es fotografiada por todos aquellos este lugar. / Andrés Téllez
San Miguel de Allende, Gto. En el corazón de México, entre callejones empedrados y fachadas coloniales, brota una historia antigua y sonora: la de sus fuentes. Llamadas familiarmente “pilas”, estos monumentos de cantera y agua alguna vez fueron el alma pública de la ciudad, donde la vida cotidiana se entretejía con el murmullo refrescante del líquido vital. Hoy, muchas aún conservan el eco de siglos pasados.
San Miguel nació bajo el signo del agua. Fray Juanfundó la villa junto al río, y Fray Bernardo la trasladó a las colinas cercanas, desde donde el agua del manantial llegó a la ciudad por gravedad. Para mediados del siglo XVIII, se entubaron las corrientes naturales y las plazas públicas comenzaron a recibir agua de forma regular. La primera fuente autorizada por elvirrey fue en 1613.
Otra de las fuentes en calle Cuadrante justo en la parte de atras de la parroquia. / Andrés Téllez
Por eso caminar San Miguel es, para quien se detiene a mirar con calma, una experiencia que va más allá de los colores de sus muros o la silueta de su parroquia. Es también una ciudad que fluye por la memoria líquida de sus fuentes: testigos de siglos, guardianas de historias. Aunque muchas ya no tienen agua, su presencia sigue marcando la piel urbana con murmullos del pasado.
El recorrido puede comenzar en la esquina del teatro Ángela Peralta, en la esquina de Umarán y Mesones. Justo ahí, al pie del histórico recinto inaugurado en 1873, se encuentra una fuente sobria, de cantera. Esta pila sirvió en su momento a vecinos y transeúntes que venían al barrio del Hospicio, antes de que existieran las redes modernas de agua potable. Hoy, como muchas otras, sigue ahí como un vestigio elegante del tiempo en que el agua era un bien compartido, celebrado y venerado.
Una de las fuentes más antiguas es la de Ancha de San Antonio y Cardo. - Foto: Andrés Téllez/El Sol del Bajío
La fuente ubicada en la esquina del Teatro Angela Peralta. - Foto: Andrés Téllez/El Sol del Bajío
La fuente ubicada en plaza de la Soledad, una de las más buscadas por los turistas para sentarse a descansar. - Foto: Andrés Téllez/El Sol del Bajío
Las fuentes del jardín principal son parte importante de la vida de los que transitan en el lugar. - Andrés Téllez/El Sol del Bajío
En la calle de Diez de Sollano se encuentra entre la pared una de las más emblemáticas de la ciudad. - Andrés Téllez/El Sol del Bajío
Esta fuente se ubica sobre calle de Ancha de San Antonio. - Foto: Andrés Téllez/El Sol del Bajío
En la calle de Cuadrante justo de tras de la parroquia se encuentra esta fuente antigua. - Foto: Andrés Téllez/El Sol del Bajío
A pocas cuadras, en el atrio al templo de San Francisco, aparece otra fuente que adorna uno de los paisajes arquitectónicos de San Miguel, por otro lado en la calle Diez de Sollano una pequeña fuente discreta, casi inadvertida, pero cargada de significado. Esta pila formaba parte del sistema de distribución colonial que traía agua desde los manantiales del Chorro.
En la calle Cuadrante, una fuente adosada a la pared recuerda su antigua función: dar de beber a animales de carga y a la gente del barrio. Es una de las más antiguas en su sitio original y representa bien la función comunitaria que estas pilas tenían. Sin grandes ornamentos, pero con una presencia serena, su piedra húmeda por el paso del tiempo sigue contando historias al que se detiene un momento.
La esquina de Cuna de Allende y Cuadrante guarda otra fuente pequeña, de formas neoclásicas. Fue construida en el siglo XIX, cuando el agua entubada ya era una realidad en algunas zonas del centro. Aún conserva parte de su estructura original, y aunque el bullicio del turismo muchas veces la opaca, sigue siendo una de las más emblemáticas por su ubicación cercana a la parroquia de San Miguel Arcángel.
Esta fuente en Cuna de Allende y Cuadrante es de las más actuales pero que no deja de ser un atractivo al turista. / Andrés Téllez
En el corazón del centro de San Miguel de Allende se encuentran en el jardín principal cuatro fuentes pequeñas, que aún funcionan y que son parte del ambiente cuando las personas se sientan y viven un momento de relajación en la zona centro, con el sonido del agua.
En la esquina calle Codo, una fuente se adapta a esa esquina. Su diseño está integrado al muro y su forma revela su origen práctico: era punto de descanso para quienes subían con carga o descendían con cubetas de agua. Actualmente también es considerada la fuente de los deseos y muchos visitantes dejan ahí una moneda.
La fuente de los deseos ubicada en la calle de Codo. / Andrés Téllez
La fuente de la esquina de Ancha de San Antonio y Cardo sigue viva. Aún tiene agua. Construida a finales del siglo XIX, con columnas toscanas y motivos sobrios, esta fuente era indispensable para los habitantes del creciente barrio de San Antonio. Servía tanto a lavanderas como a carretoneros. Su forma circular y su brocal amplio la hacen una de las más funcionales y mejor conservadas de la ciudad, como si la vida aquí nunca se hubiera detenido.
Se estima que San Miguel de Allende cuenta con más de 40 fuentes públicas, aunque se dice que hay más, algunas están ocultas en patios de hoteles,jardines interiores o colonias periféricas. En su tiempo, estas pilas no eran meramente decorativas: eran el corazón de cada barrio, lugares donde la comunidad se encontraba, se escuchaba, compartía.
Hoy, la mayoría sigue siendo conservada por el municipio, tienen agua y siguen siendo faros de memoria, hay otras esperan su rescate. Pero todas tienen algo que contar. Porque en San Miguel, incluso el silencio de una fuente puede ser más elocuente que el bullicio del presente.