Conectó el tren de pasajeros a productores de pan y dulces de Acámbaro con mercados de todo el país
Durante décadas, los horarios del tren permitieron a familias de comunidades como Inchamácuaro y Guadalupe vender sus productos en Michoacán, el Estado de México y la capital
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El tren de pasajeros fue impulsor del comercia en Acámbaro / Foto: Jorge Carmona / El Sol del Bajío
ACÁMBARO, Gto.- El transporte ferroviario de pasajeros fue durante el siglo 20 fundamental para dar a conocer diferentes productos del municipio, pero principalmente el pan grande y las acambaritas.
Gracias al transporte ferroviario, muchos habitantes de la cabecera municipal y las localidades del municipio lograron sobrevivir durante años con la venta de pan, crema, queso y dulces, entre otros productos.
Los horarios que se tenían para tomar el tren en la estación de Acámbaro era el de las nueve de la mañana, al mediodía y a las nueve de la noche, los comerciantes aprovechaban estas salidas para dirigirse al estado de Michoacán, el Estado de México y la Ciudad de México para hacer la venta de sus productos.
Bolsas de las reconocidas acambaritas / Foto: Jorge Carmona / El Sol del Bajío
El Presidente de la Asociación Amigos del Ferrocarril, José Guadalupe Herrera, refirió que desde el año de 1949 a 1997, los trenes de pasajeros tuvieron gran importancia para la población, ya que gracias a este servicio se podían trasladar a las ciudades más importantes de una manera segura y confiable, además que permitió que muchas personas lograran sacar adelante a sus familias con la venta de algunos productos, como lo era el pan de Acámbaro, el queso, la crema, el mole y los dulces.
Dijo que: “En cada una de las estaciones del tren había comerciantes que vendían algo en particular, por ejemplo en la estación de Dos Ríos se subían unos taqueros muy conocidos, en la estación de Salazar se subían unas señoras que vendían tamales que se les conocía como tamales de hoyito; en Toluca se vendía mucho café, morelianas, polvorones; en la estación de Tultenango se subían las señoras que vendían mole, otras tortillas y aquí en Acámbaro pues se subían varios comerciantes de dulces de don Panta, pan, crema y queso, en Andocutín se vendían gorditas, tamales de charal, entre otros”.
Las personas compraban pan para llevarlos a las grandes ciudades / Foto: Jorge Carmona / El Sol del Bajío
Agregó que: “Gracias al tren se comenzó a dar a conocer el pan de Acámbaro porque subían muchas cajas de pan para llevarlo a Michoacán, al Estado de México, la Ciudad de México y para el norte del país; la gente acostumbraba a comprar pan y se iban a estos lugares que mencioné y los vendían en las calles o en mercados”.
Asimismo, el panadero Antonio Silva explicó que cuando él era un niño le tocó observar el gran comercio que había de pan hacia otras ciudades por medio del transporte ferroviario de pasajeros, dijo: “Yo recuerdo cuando era un niño, cómo las personas de las localidades visitaban las diferentes panaderías para comprar cajas grandes, costales y guangoches de pan, era tanto pan el que compraban que tenían que llevarlo a través de unos carritos de mano”.
Gracias al tren el pan inició a tener reconocimiento a nivel nacional / Foto: Jorge Carmona / El Sol del Bajío
Informó que el señor Ventura Alcántar tenía unos carritos de mano en la calle Aldama esquina con Primero de Mayo donde la gente llegaba con su pan y desde ahí lo trasladaban hasta la estación ubicada en la calle Héroe de Nacozari con Primero de Mayo. “Además de estos carritos también había otros que eran de la estación del tren y algunos carretones, eran varias personas de las localidades de Inchamácuaro, Guadalupe, Piedras de Amolar, entre otras que iban a comprar pan a mi papá y a otras panaderías los días jueves, compraban en este día para vender los días viernes, sábados y domingos en el Estado de México y la Ciudad de México”.
Agregó, “Yo recuerdo mucho a una señora que se llamaba Belén que compraba pan para revender en un mercado en la Ciudad de México, había también un señor de Inchamácuaro que compraba pan para revenderlo en las calles de México, decía que dejaba el pan encargado y después iba ofreciéndole casa por casa”.
Resaltó que el pan que más vendían era el tallado, de leche, ranchero y pico, pero especialmente el pan de batalla que eran dos panes embolsados y que la gente ya identificaba, además de las acambaritas.