“Nadie me obligó a estar aquí”: Entre surcos y esperanzas, la otra historia del rancho El Ramillete
A las afueras de Dolores Hidalgo, donde la Fiscalía investiga un posible caso de trata laboral, jornaleros y familias aseguran que llegaron por voluntad propia, que viven con dignidad y que han encontrado en los campos del rancho El Ramillete una oportunidad que en sus pueblos les fue negada
La Fiscalía General del Estado (FGE) informó que no tiene bajo resguardado ni clausurado el inmueble, donde fueron localizadas personas para evitar vulnerar sus derechos.
De acuerdo con el área de comunicación de la FGE la autoridad, no puede coartar esa decisión de quedarse a laborar.
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Habitaciones de las personas en la comunidad del rancho El Rehilete / Foto: El Sol del Bajío
Dolores Hidalgo, Gto.- En los bordes polvorientos de Dolores Hidalgo, donde el campo aún guarda los aromas de las cosechas y los amaneceres comienzan con motores de camiones y botas con tierra, se alza el rancho El Ramillete. Un sitio que ha sido, en días recientes, motivo de controversia, operativos y titulares. Un lugar donde, según las autoridades, podrían estarse vulnerando derechos humanos. Sin embargo, al interior de esos mismos terrenos donde el sudor es rutina y la esperanza se cosecha en silencio, la historia es otra.
Fue hace apenas unos días cuando la Fiscalía General del Estado, en conjunto con distintas dependencias, realizó un operativo en el rancho El Ramillete. Según lo informado, cerca de 700 personas fueron localizadas en el sitio, muchas de ellas en condiciones que motivaron la apertura de una carpeta de investigación por una posible trata de personas con fines de explotación laboral. Pero, mientras la versión oficial recorre pasillos judiciales, los testimonios de quienes ahí viven y trabajan pintan un paisaje distinto, uno de elección, trabajo honesto y comunidad.
“El lugar no está clausurado ni bajo resguardo”, confirmó la Fiscalía. “No se pueden vulnerar derechos”, señalaron desde su área de comunicación. Y es que, en efecto, en El Ramillete, la vida sigue su curso. Las familias aún cocinan en sus cuartos, los jornaleros siguen partiendo al amanecer rumbo a los campos y, cada sábado, una doctora acude a revisar a quienes lo necesitan.
Casas de la comunidad del El Rehilete / Foto: Andrés Téllez/El Sol del Bajío
En ese lugar, donde las construcciones son humildes y el paisaje árido, Marcos Ramírez, originario de Cuernavaca, Morelos, cuenta su experiencia. “Yo no vi a los de la fiscalía, pero llevo dos semanas trabajando aquí. La llevo bien con todos. Nadie me obligó a venir. Vi un anuncio, llamé y aquí estoy. Vivo en un cuarto, me siento bien. Me dedico a empacar el producto que sale del rancho y me pagan por eso. Además, tengo chequeo con la doctora los sábados”.
Más allá de las instalaciones que podrían parecer precarias para quien no conoce la vida rural, hay relatos de conformidad y arraigo. Una joven de apenas 19 años, proveniente de Guerrero, compartió que no sabe cuánto tiempo estará en el rancho, pero que viven bien, que nadie les cobra renta y que pueden irse cuando lo deseen. “Mi esposo entra a las 8 de la mañana y regresa como a las 5 de la tarde. Ahorita gana como dos mil pesos, pero cuando hay más trabajo hasta cinco mil por semana. Vivimos los tres: él, mi hijo y yo. Nos dieron una cama, tenemos una estufa y gas. Cocinamos ahí. Los baños son compartidos, pero están limpios”.
A pesar de las condiciones rústicas, muchos coinciden: es más de lo que tendrían en sus comunidades de origen. “La Chinita es la que paga”, dijo, refiriéndose a quien, según cuentan, administra los pagos a través de los mayordomos. “No la conocemos en persona, pero ella les da el dinero a los que reparten”.
Paisaje árido del rancho El Rehilete - Foto: Andrés Téllez/El Sol del Bajío
Comunidad del rancho El Rehilete - Foto: Andrés Téllez/El Sol del Bajío
“Nadie me obligó a estar aquí” - Foto: Andrés Téllez/El Sol del Bajío
Pero no todo es tranquilidad. Otra joven, embarazada, oriunda de Ayotzinapan, compartió una experiencia amarga tras el operativo: “La fiscalía me quitó mi dinero. Tenía 40 mil pesos en mi cuarto y se lo llevaron. No me creyeron que era mío. Me empujaron, me faltaron al respeto, me preguntaron cosas que no sé. Me dijeron que dijera quién vendía droga. Yo no sé nada de eso. Llevamos un año aquí. Son mis ahorros. Ahorita, por mi condición, no puedo trabajar. Solo trabaja mi esposo, que es pizcador. Gana cuatro mil a la semana. Eso no se gana en nuestro pueblo”.
A pesar del temor y la confusión, la joven no alza la voz para exigir justicia. “No pido nada a las autoridades, porque ellos nos quitaron nuestro dinero, pero si quiero que nos apoyen y nos regresen nuestro ahorro, aunque si tengo miedo”.
El operativo, aunque no ha interrumpido la vida del rancho, dejó huellas de incertidumbre. El reporte que dio pie a esta intervención data de 2018 y, aunque en 2021 la entonces presidenta del DIF municipal, Michel Reyes, visitó el lugar, no se había realizado una acción de tal magnitud hasta ahora. Hoy, más de medio millar de personas siguen allí, viviendo, trabajando, criando a sus hijos. No se sienten víctimas, dicen, sino trabajadores.
Las jornadas inician temprano, desde las seis de la mañana. Los camiones llevan a los hombres y mujeres a sembrar, cosechar y empacar. La duración del día depende de la temporada. Y aunque el lugar podría verse en “malas condiciones”, como algunos afirman, para muchos representa un respiro, un lugar donde pueden ganar dinero, dormir bajo techo y ser atendidos por una doctora cada semana.
La Fiscalía ha dejado claro que el proceso legal seguirá su curso, que investigarán si hubo o no un delito. Pero, mientras tanto, la vida en El Ramillete continúa. Entre las voces que se aferran a sus cuartos y a sus rutinas, hay un deseo simple: seguir trabajando y ser respetados.
Informaron que ya hay una carpeta de investigación abierta, se le ha integrado la información recabada para dar el seguimiento correspondiente que, en dado caso, acredite un delito o no; sin haber violentado algún derecho.
Policía Municipal a las afueras de la comunidad del rancho El Rehilete / Foto: Andrés Téllez/El Sol del Bajío