Localviernes, 18 de abril de 2025
San Miguel de Allende revive la Pasión de Cristo en colonias y comunidades
La zona centro, la colonia San Luis Rey, Comunidades como Atotonilco y Rodríguez reviven el viacrucis en San Miguel
La zona centro, la colonia San Luis Rey, Comunidades como Atotonilco y Rodríguez reviven el viacrucis en San Miguel

SAN MIGUEL DE ALLENDE, Gto.- El sol apenas despuntaba cuando las calles del centro histórico de San Miguel de Allende comenzaron a llenarse de fieles. Este Viernes Santo, y con él, la ciudad se convertía una vez más en escenario de una de las tradiciones más arraigadas en la región: el viacrucis con imágenes y viviente, tradición que se vivió en esta ciudad patrimonio.
Una representación dio inicio a las 10 de la mañana en la zona centro de San Miguel, saliendo del templo del Oratorio y pasando por las calles Insurgentes, Lotero, Calzada de la Luz, Ánimas, Colegio, Pepe Llanos y hasta regresar al templo del Oratorio. Las imágenes religiosas avanzaban lentamente, envueltas en incienso y oración.
A cada paso, los murmullos de los rezos se mezclaban con el sonido seco de tambores y los cantos que recordaban los últimos momentos de Jesucristo llenaban el aire. Decenas de personas acompañaban la procesión, entre ellos turistas que decidieron vivir esta tradición en la ciudad. Este recorrido, conocido como el Santo Encuentro, tiene como protagonistas a las imágenes de la Virgen Dolorosa y Jesús Nazareno, quienes se encuentran simbólicamente en el camino hacia el Calvario.
Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, en la colonia San Luis Rey, se vivía otra dimensión del mismo relato: el viacrucis viviente. Desde hace 24 años, los vecinos de esta colonia han mantenido viva la tradición de representar la Pasión con actores locales que, con profundo respeto, encarnan a los personajes bíblicos.
La representación comenzó frente al templo de la colonia San Luis Rey, donde Jesús fue llevado ante Poncio Pilato. Entre gritos del pueblo y soldados romanos, se dictó la sentencia. El camino de la cruz siguió por la calle Vicente Gelati, atravesó la colonia Francisco Villa y culminó en el cerro de Montes de Loreto. Allí, en lo alto, se erigieron tres cruces, y el silencio se apoderó del lugar mientras los presentes observaban, conmovidos, la crucifixión.

Durante el trayecto, las caídas de Jesús eran representadas con tal intensidad que más de uno se llevó las manos al rostro. Las estaciones, decoradas por los vecinos con aserrín de colores, flores y manzanilla, añadían un tono solemne y visualmente impactante al recorrido.
Ambas manifestaciones —la solemne procesión del centro y la escenificación viviente en San Luis Rey— son más que rituales religiosos. Son actos de comunidad, de memoria colectiva, de identidad. San Miguel de Allende no solo revive la Pasión de Cristo cada año; la convierte en una experiencia que une a generaciones, que atraviesa calles, barrios y cerros, y que deja en el corazón de sus habitantes un eco de fe que resuena más allá de la Semana Santa.
A unos kilómetros del bullicio del centro, en la histórica comunidad de Atotonilco —famosa por su Santuario declarado Patrimonio de la Humanidad— también se llevó a cabo una emotiva representación del viacrucis. En este lugar, donde la espiritualidad parece brotar de cada muro pintado al fresco, los habitantes revivieron la Pasión de Cristo con un fervor especial. La procesión inició desde el atrio del santuario y recorrió las calles empedradas de la comunidad, acompañada por cánticos tradicionales y escenas dramatizadas que conectaron profundamente a los asistentes con el relato bíblico. En Atotonilco, el silencio y la devoción marcaron cada estación, haciendo del viacrucis una experiencia íntima, impregnada de misticismo y tradición ancestral.