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Tendenciassábado, 15 de noviembre de 2025

¿Por qué las manos se “congelan” aunque estés abrigado? Existe una explicación científica

El cuerpo prioriza sus funciones más importantes para sobrevivir, y como resultado, las extremidades reciben menos calor y se enfrían con mayor facilidad

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Rubén Torres

Los expertos explican que esto no es casualidad: se trata de un mecanismo de defensa natural del cuerpo que busca conservar el calor en los órganos vitales durante las temporadas frías.

Cuando la temperatura ambiental baja, el organismo activa un proceso llamado vasoconstricción periférica. En palabras simples, los vasos sanguíneos de las manos y los pies se estrechan para reducir el flujo de sangre hacia esas zonas y dirigirla al corazón, los pulmones y el cerebro.

El cuerpo prioriza sus funciones más importantes, y como resultado, las extremidades reciben menos calor y se enfrían con mayor facilidad. Esto explica por qué las manos son, casi siempre, las primeras en resentir el frío.

Sin embargo, no todas las personas lo experimentan igual. Factores como circulación más lenta, niveles bajos de grasa corporal, estrés, o condiciones como el síndrome de Raynaud pueden intensificar la sensación de manos heladas.

Incluso, el uso prolongado de dispositivos electrónicos o trabajar muchas horas sentado puede limitar el flujo sanguíneo y acentuar el problema durante los meses fríos.

Para evitar tener las manos frías, la clave está en mantener una buena circulación. Realizar pequeños movimientos, como abrir y cerrar los puños, mover los dedos o rotar las muñecas, ayuda a activar el flujo sanguíneo.

También es recomendable usar guantes térmicos, preferiblemente de materiales aislantes como lana o neopreno, y mantener el torso bien abrigado, ya que si el cuerpo siente frío en general, restringirá aún más el flujo hacia las extremidades.

Además, mantenerse hidratado y consumir alimentos que favorecen la circulación —como jengibre, frutos secos y chocolate amargo— puede ayudar a que las manos mantengan una temperatura más estable.

Combinar estas medidas con pausas activas durante el día y evitar el tabaco —que empeora la vasoconstricción— puede marcar la diferencia.

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