¿Por qué solemos pensar más en cosas tristes que en las alegres? La respuesta está en tu cerebro
Nuestro estado de ánimo nos puede hacer pasar malas jugadas, pero como todo en la vida hay una explicación
Nuestro estado de ánimo nos puede hacer pasar malas jugadas, pero como todo en la vida hay una explicación

César González / El Sol del Centro
El ser humano disfruta de la vida en automático, pues cuando vamos a la escuela siempre nos enseñan su ciclo natural: nacer, crecer, reproducirse y morir, y es ahí donde, a lo largo de muchos, se enfrentará a todo tipo de experiencias que pondrán a prueba su salud emocional.
Cuando vivimos cosas alegres, no dudamos en expresarlo a través de una gran sonrisa o brincando de un lado a otro; finalmente, todos tenemos nuestra propia forma de manifestar la felicidad.
Y lo mismo pasa cuando nos toca vivir momentos amargos como la pérdida de un familiar, la ruptura de nuestra relación o la frustración por no haber quedado en tu universidad favorita tras haber hecho un examen que te tomó meses de estudio.
La tristeza es algo que sí o sí todos vivimos a lo largo de nuestra vida, y está en cada uno la manera en cómo la aborda, pero, ¿qué pasa cuando de repente solemos pensar más en cosas tristes que en aquellas que nos han hecho felices?

No te asustes, no se trata de algo grave, pues la ciencia siempre estará aquí para explicarnos qué es lo que le pasa a nuestro cerebro en este tipo de episodios en la vida.
Según estudios como los de los psicólogos Edward Royzman y Paul Rozin, la psicología describe a este suceso como sesgo de negatividad, una tendencia humana a dar más peso, atención y memoria a los eventos negativos que a los positivos.

Su origen, aunque no lo creas, se remonta a cuando el ser humano se encontraba en su proceso de evolución, ya que nuestros antepasados solían prestar más atención a amenazas potenciales, por lo que identificar y recordar peligros, errores o pérdidas aumentaba las posibilidades de sobrevivir.
Eso, con el paso del tiempo, orilló a que el cerebro humano evolucionara priorizando la detección y el procesamiento negativo, lo que también lo convirtió en el objeto de estudio perfecto para el campo de la neurobiología.

Por otra parte, gracias a estudios como los del investigador Joseph LeDoux, se sabe que este fenómeno tiene una vinculación directa con la amígdala, una estructura del sistema límbico que desempeña un papel crucial en el procesamiento de emociones intensas, tales como la tristeza y el miedo; es decir, responde con mayor intensidad y rapidez ante estímulos negativos que ante estímulos positivos.
Esto significa también que el cerebro está biológicamente “preparado” para detectar y retener lo negativo con mayor fuerza. Además, otras investigaciones explican que los recuerdos tristes suelen estar asociados a procesos de rumiación, una tendencia a repasar mentalmente una situación una y otra vez.

Por eso, cuando te sientes triste, no solo los recuerdos negativos pueden reaparecer, sino que a veces también vuelven a tu mente momentos alegres que pensabas olvidados. Sin embargo, la tristeza tiende a hacer que tu atención se centre más en lo negativo, lo que hace que esas memorias felices parezcan menos accesibles o importantes en esos momentos.
Finalmente, aunque parezca que tu cerebro se queda más tiempo queriendo lo negativo, la realidad es que solo se trata de una herencia evolutiva que nos ayudó a sobrevivir en entornos peligrosos.
Saber que nuestra mente está programada para priorizar estímulos negativos nos permite comprender mejor nuestras emociones y evitar sentirnos abrumados cuando la tristeza nos invade; sin embargo, algo que debes entender es que, con práctica y conciencia, podemos equilibrar esta tendencia natural y vivir una vida emocional mucho más saludable que nunca.
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