¿Quiénes eran las brujas del Guanajuato novohispano? Conoce los primeros registros documentados
El registro de casos de brujas en Guanajuato, muestran cómo la construcción de la narrativa de brujas no dependía de la ornamentación europea, sino de la función social y la vida cotidiana de las mujeres involucradas.
Mary Elenne Castro Mares
Sus historias, envueltas en superstición y misterio, quedaron registradas en denuncias y procesos inquisitoriales que documentaron cómo la sociedad colonial construía la figura de la hechicera en la región.
La construcción de la hechicería en Europa y la Nueva España
“En Guanajuato y Celaya, por ejemplo, las transformaciones corpóreas y las acusaciones de maleficio se documentaron en numerosos procesos, reflejando cómo la figura de la bruja se adaptaba a nuevas sociedades y contextos”.
Así, entre tratados, inquisidores y testimonios, la bruja dejó de ser un mito aislado para convertirse en un símbolo de miedo, castigo y misterio.
Brujería en Celaya: ungüentos mágicos
De acuerdo a Pablo Pérez Joya, ha investigado este tema en Celaya, Acámbaro y Guanajuato Capital, pero también se han encontrado casos en León, San Miguel, Salvatierra, Salamanca, Valle de Santiago y San Luis de la Paz.
“En muchos casos, los procesos iniciados ante el Tribunal de la Ciudad de México ni siquiera recibían respuesta, y cuando se dictaban sentencias, los castigos eran leves comparados con lo que ocurría en Europa”, explicó el investigador.
El vuelo nocturno en Celaya
Añadió que la brujería no era innata, sino que se enseñaba de generación en generación, como mostró el caso de la madre y abuela de la niña, quienes transmitían estas prácticas.
Otros testimonios, confirmaron la existencia de los ungüentos y de ciertos rituales, como colocarse el ungüento en la cintura o en los sobacos, así como el uso de paños especiales para emprender el vuelo nocturno.
Aquelarres y símbolos del poder
Otro caso relevante fue el de Isabel de Aguilar, quien relató cómo Magdalena de Rosas la vio portar una calavera humana y quitarse la camisa antes de volar.
“Esto nos habla de la presencia de elementos simbólicos como la desnudez y los cráneos humanos, que también se encuentran en otras latitudes de la Nueva España”, explicó Pérez Joya.
“No vemos hombres participando en el vuelo nocturno como ejecutantes; en todo caso, podía ser un acompañamiento o un favor”, agregó.
“Estos rumores y relatos, transmitidos de vecina a vecina y de generación en generación, llegaron a las autoridades y hoy nos permiten conocer un imaginario que mezcla miedo, tradición y leyenda”.
Durante su ponencia, Pérez Joya presentó referencias que datan de 1613, cuando la española Juana Sánchez denunció ante Fray Domingo de Esqueda que una mulata realizaba prácticas consideradas hechicería.
La denuncia relataba cómo la mujer se dirigía junto con otras personas hacia un lugar conocido como Tupario, acompañados de música y danza, hasta que un vecino, Nicolás Álvarez, intervino mostrando una cruz que los inmovilizó momentáneamente.
La bruja y hechicera Nicolasa de San Agustín
Otro caso documentado fue el de Nicolasa de San Agustín, mujer negra y esclava, quien en 1672 fue acusada de hechicería en el Real de Minas de Guanajuato.
Según las declaraciones recopiladas por el Santo Oficio, Nicolasa habría provocado el sueño de una compañera y causado malestares físicos mediante sustancias que se consideraban “maléficas”.
Pérez Joya explicó que, a pesar de estas acusaciones, Nicolasa era bautizada, cristiana practicante y había sido vendida en varias ocasiones antes de quedar al servicio de Alonso Rodríguez, minero de Guanajuato.
“Lo interesante es que, en algunos casos, las víctimas mejoraban incluso antes de recibir los remedios prometidos, lo que los calificadores interpretaron como prueba de hechicería”, señaló el investigador.
El investigador agregó que, tras 358 días de prisión y un proceso formal, Nicolasa fue condenada a cumplir una vergüenza pública y finalmente devuelta a su amo en Guanajuato.
Pérez Joya comentó que el caso reflejó cómo las mujeres acusadas podían ser consideradas tanto responsables de causar daños como de poseer capacidad de curarlos, mostrando la compleja percepción de la hechicería en la Nueva España.
Transformaciones corporales
El ponente Pablo Pérez Joya comentó que, en las narrativas novohispanas sobre mujeres que se transforman en aves, como en el caso de Nicolasa de San Agustín, se repiten ciertos elementos simbólicos y sociales.
El investigador señaló que este tipo de tópicos narrativos se repiten y se adaptan según el contexto local, y en ocasiones llegan a la autoridad inquisitorial.
Pérez Joya destacó que, al igual que en Europa, en la Nueva España existía una frontera difusa entre hechicera y bruja. Esta percepción dependía en gran medida de la función que cumplían estas mujeres en su comunidad.
Algunas eran buscadas por vecinos para asuntos amorosos o adivinación, mientras que otros las acusaban de brujas.
“Esto lo podemos ver en Celaya, Guanajuato Capital y muy probablemente en otras poblaciones como León o San Miguel”, indicó.
Aunque la frontera era difusa, el ponente identificó características de la bruja occidental: vuelo nocturno, reuniones secretas o aquelarres, transformación corporal y pactos implícitos con el demonio.
“En Celaya no he encontrado evidencia de un pacto explícito, pero sí implícito, y se les acusaba de apostasía”, señaló.
Sobre el Santo Oficio, Pérez Joya subrayó los problemas institucionales que enfrentó en la Nueva España, especialmente económicos, y su limitada presencia en la vida cotidiana de la población.
“No siempre tuvo la fuerza que se le atribuye, y en muchos lugares tuvo poca o nula injerencia. Eso nos lleva a cuestionar la idea popular de un Santo Oficio cruel que quemaba mujeres e indígenas”, afirmó.

























