Talento, barberos y uñas: IMJU León impulsa el autoempleo juvenil con “Hecho en Lobo”
En el Jardín de los Niños Héroes, más de 60 jóvenes del programa Lobo del IMJU León ofrecieron servicios gratuitos como barbería, uñas y alaciado permanente
Mary Elenne Castro Mares
A través de talleres prácticos como barbería, aplicación de uñas, serigrafía o alaciado permanente, las juventudes participantes adquieren habilidades técnicas y herramientas para iniciar un camino hacia el autoempleo.
Arantza Godines: de alumna a maestra
Así llegó al programa Lobo. Su primer paso fue como alumna en el taller de aplicación de uñas. Sin conocimientos previos, comenzó desde lo básico, con curiosidad y entusiasmo.
“Uno se emociona, empieza a indagar más y más… como para aprender algo nuevo”, recordó. Lo que comenzó como una forma de salir de la rutina, pronto se convirtió en una pasión que la impulsó a ir más allá.
Arantza no solo perfeccionó su técnica: también se encontró a sí misma: “Yo veía cómo enseñaba la maestra y decía: yo quiero ser ella. Quiero enseñar”.
Con ese pensamiento como motor, continuó su formación y se convirtió en instructora voluntaria del mismo programa. Cada vez que el IMJU la convoca, vuelve para compartir lo que aprendió.
En los talleres se encuentra con historias similares a la suya: madres jóvenes, mujeres que buscan independencia, personas que quieren emprender pero no saben por dónde empezar. En cada una ve un reflejo de su propio camino.
“Me da felicidad ver que pueden aprender algo de mí, y que lo que yo viví sirva para que ellas también se animen. Para mí, eso vale más que cualquier cosa”.
De cortar en un bote a enseñar en la feria
Francisco Javier Pérez Hernández no empezó con una silla de barbero ni con una máquina profesional. Su primer cliente se sentó frente a un bote de chile vacío, en el patio de su casa, con más confianza que garantías.
Hoy forma parte del equipo que impulsa a nuevas generaciones de jóvenes en León desde el programa Lobo. Y sí, ya lo hace con máquina profesional… y con mucha más seguridad en lo que sabe.
Francisco tenía unos 14 o 15 años cuando comenzó a frecuentar una peluquería. Le llamaba la atención el movimiento, la técnica y, sobre todo, la comunidad que se formaba en torno a las tijeras y la máquina.
“Me enseñé viendo”, recuerda, diciendo cómo pedía tips y practicaba con quien se dejara: “Al principio nadie quería dejarse cortar, pero luego los clientes se volvieron amigos”.
Lo suyo fue aprendizaje por observación, error y mucha práctica: “Perdí amigos… pero gané experiencia”, bromea.
Años después, formalizó ese conocimiento al acercarse al IMJU, primero en actividades como Interbandas y luego en los talleres de barbería del programa Lobo, que le dieron el impulso definitivo para dedicarse a su pasión.
Francisco no solo encontró formación técnica, sino también confianza en sus habilidades: “Los maestros me dijeron: ‘sí sabes, güey’... y ahí fue cuando dije: va, me aviento”.
A partir de ahí, se integró a una peluquería formal, donde trabaja desde hace cuatro años: “Antes cortaba en casa, ahora ya estoy en un espacio profesional”, dice con orgullo.
También consiguió su certificado, lo que le cambió la forma de pararse frente a sus clientes: “El IMJU me enseñó más de lo que sabía y me hizo creer en mí”.
Hoy, aunque no da clases de tiempo completo, apoya a nuevos talentos y se convierte en ejemplo de que se puede salir adelante incluso empezando desde cero.





























