El campo bajo fuego; la crisis del productor agrícola mexicano
La producción agrícola en México enfrenta una triple crisis: la violencia y extorsión del crimen organizado, la ruina económica causada por la disparidad de precios, y una reforma a la Ley de Aguas que amenaza con criminalizar a los agricultores que buscan el recurso ante la ineficacia estatal.
Miguel Martínez
La problemática del campo ha trascendido las técnicas de cultivo, convirtiéndose en una emergencia que combina la violencia con la ineficacia económica y legislativa.
La Amenaza Existencial del Crimen Organizado
La denuncia fue contundente: el problema central del agricultor es “que no lo maten, que no lo secuestren, que no se lleven a sus hijos.” Se señaló que, tras invertir en tecnificación, el crimen organizado está esperando afuera del rancho.
La Brecha de Precios: Producir para Perder
La asfixia económica persiste debido a la abismal diferencia entre lo que recibe el agricultor y lo que paga el consumidor final. Esta disparidad hace que los ingresos no cubran los costos de producción.
Otro ejemplo citado fue el aguacate:
“¿Para qué voy a producir aguacate a 7 pesos? Que en Monterrey está 130. ¿Dónde están esos 123 pesos?”
Esta falta de un precio justo y la nula rentabilidad están empujando a los agricultores a preferir la emigración antes que seguir trabajando una tierra que “ya no da”.
Ley de Aguas Nacionales: Criminalización en la Escasez
La principal crítica se centró en la propuesta de ley para penalizar el transporte de agua, una práctica vital para comunidades sin servicio:
“Pero si me agarras con una pipa, ¿me vas a meter a la cárcel? Es una aberración”. Se exigió que el Estado garantice el servicio y se le interpeló:
“Pues entonces dame el servicio de agua que por cierto ya no me vendas aire, véndeme agua a la que tú supuestamente tengo derecho antes de que me quieras criminalizar por yo mismo acarrear mi agua”.
También se hizo un llamado a atender a las comunidades más vulnerables: “Vayan a las más de 7,000 escuelas originarias indígenas en México que no tienen agua, ni drenaje, ni luz. No se vale”.

























