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Localviernes, 23 de enero de 2026

El milagro de la Virgen de San Juan: Tres días perdida en el cerro y una fe que no se apaga

¡Un milagro de fe! Doña Lupe Barrera sobrevivió de forma milagrosa tras pasar tres días perdida en el cerro entre coyotes y víboras. La comerciante asegura que la Virgen de San Juan no la dejó sola ni un momento, logrando una supervivencia que hoy conmueve a todo Guanajuato

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Miguel Martínez

Guanajuato, Gto.- Para muchos, perderse tres días y dos noches en el cerro del Terrero, rodeada de coyotes y víboras, sería una sentencia de muerte. 

Para la señora Ma. Guadalupe Barrera, comerciante de guayabas y calabacitas, fue la prueba máxima de un milagro concedido por la Virgen de San Juan, una fe que la ayudó a bajar la montaña incluso de rodillas.

Aunque los hechos ocurrieron en julio de 2025, movilizando a todo el estado bajo Protocolo Alba, “Doña Lupe” relata los detalles de lo que ella llama su “naufragio”. 

Asegura que mientras su familia sufría incluso intentos de extorsión por falsos secuestradores, ella caminaba descalza y rasguñada por los “garabatillos”, guiada por la protección divina y el recuerdo de su difunta madre, María Cirila.

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El primer milagro: Sobrevivir a lo imposible

“Me levanté, tendí mi rebozo en el suelo y besé mis manos toda la noche. Los coyotes estaban a escasos metros, pero no me tocaron”, narra la mujer. 

Ella atribuye su fuerza a la Sagrada Comunión, que para ella fue el alimento espiritual que evitó que muriera de debilidad en el monte: 

“La Santa Misa es carne viva y la comunión es comida”.

A pesar de haber bajado el cerro “de maroma”, de rodillas, y de haber pisado víboras vivas sin ser atacada, Doña Lupe sobrevivió para contarlo. La deshidratación afectó sus riñones y la mantuvo meses postrada, pero hoy celebra este “segundo nacimiento” con una vitalidad renovada.

El segundo milagro: La respuesta de la “Sanjuanita”.

Pero la devoción de Ma. Guadalupe no terminó en el cerro. Recientemente compartió su segundo milagro: “el de la dentadura”. 

Tras dar por perdida su placa dental durante un mes buscándola incluso en la basura y limpiando su cocina de mosaico infinidad de veces, se encomendó con fervor a la Virgen de San Juan.

“Le dije: ‘aunque no me la des, te voy a prender tu veladora”. 

Tras regresar de un viaje a La Hermandad, la placa apareció inexplicablemente sobre un banquito que ella misma había trapeado a diario. Para ella, no hay duda de que fue la mano de la Virgen respondiendo a su ruego en un detalle tan personal y humano.

Soy un ejemplo de un milagro.

La señora Barrera reflexiona, aunque celebra que la atención médica fue buena, reconoce que la verdadera medicina siempre vendrá de arriba.

Hoy, Ma. Guadalupe sigue ofreciendo sus limas y guayabas cerca de la carnicería Navarrete, siendo un testimonio viviente de que, en los cerros de Guanajuato, los milagros todavía caminan entre la gente y la fe es lo último que se pierde.

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