La pasión sobre ruedas, un legado que recorre generaciones
Marcos y Claudia descubrieron su amor por las motos y con décadas de experiencia en la carretera, han transmitido esa pasión a sus hijos, asegurando que su legado biker continúe rodando
Marcos y Claudia descubrieron su amor por las motos y con décadas de experiencia en la carretera, han transmitido esa pasión a sus hijos, asegurando que su legado biker continúe rodando

Mary E. Castro / El Sol de León
El rugir de un motor puede significar muchas cosas, pero para Marcos Ignacio Trujillo y Claudia Rodríguez es el sonido de su historia familiar. En diferentes etapas de la vida, ambos descubrieron el amor por las motocicletas, que a través de ellas descubrieron que la carretera es más que un camino: es un estilo de vida.
Hoy, con más de 30 años de experiencia sobre dos ruedas, han transmitido esa misma pasión a sus hijos y nietos, formando una tradición que sigue avanzando a toda velocidad.
Más allá de la emoción y la aventura, las motocicletas han sido el hilo conductor de su legado familiar. A pesar de los retos y los accidentes, no han dejado de montar, demostrando que su pasión es inquebrantable.
En un mundo donde la adrenalina y la libertad se mezclan en cada kilómetro recorrido, Claudia Rodríguez, conocida dentro de este mundo como “Hiedra” se ha convertido en un ícono de resistencia y pasión dentro de la comunidad biker.
Desde que subió por primera vez a una motocicleta Honda CBR hace 30 años, supo que ese sería su estilo de vida, y desde entonces, no ha querido bajarse de ella.
Le agarré el gusto a la motocicleta hace 30 años. En ese tiempo tenía un novio que me introdujo a este mundo, nos íbamos a carreteras, bulevares, íbamos a los arrancones. En se tiempo era mucho de pista pero me gustó más lo biker, porque vamos conociendo ciudades y lugares en caravana
Para Hiedra el motociclismo no es solo un medio de transporte, sino una forma de vida que le ha permitido recorrer diferentes rincones del país, conocer nuevas culturas y crear lazos inquebrantables con otros motociclistas.
Aunque siempre ha rodado como independiente, asegura que nunca se ha sentido sola, pues la hermandad biker la ha acompañado en cada trayecto, brindándole apoyo y camaradería en cada parada del camino.
Hay ocasiones en los que no he tenido moto y eso no es un impedimento, porque cuando mis amigos me invitan a un lado me dicen que no importa te vas con fulano o me comentan que tienen un espacio en su moto para mi. Aunque no te conozcan y vayas a donde vayas, todos te reciben muy bien y te vas involucrando y te van conociendo
Su travesía no ha estado exenta de desafíos. A lo largo de los años, ha enfrentado tres accidentes, siendo el último el más complicado, dejándole lesiones en costillas y pierna. Sin embargo, ni el dolor ni el miedo han sido suficientes para hacerla renunciar a su pasión.
“He tenido tres accidentes, pero en esta última me destrocé rodilla izquierda, tibia y peroné. Duré dos meses hospitalizada y todos mis amigos biker me acompañaban en el hospital, todos somos una familia”, comentó.
Claudia siempre supo que su amor por las motos no sería solo suyo, y con el tiempo, su hijo también se dejó envolver por la pasión biker. Desde pequeño, creció viendo a su madre recorrer carreteras, sintiendo la adrenalina y la libertad que solo una motocicleta puede ofrecer.
Hoy, ya involucrado de lleno en este mundo, comparte con Claudia no solo la emoción de montar, sino una conexión única que los une más allá de las palabras. A veces, el destino los lleva a viajar juntos, recorriendo caminos en los que cada kilómetro refuerza su vínculo y próximamente irán a la Semana Internacional de la Moto Mazatlán 2025 que se realizará en el mes de abril.

Desde los 8 años, cuando su papá lo subió por primera vez a una motocicleta, Marcos Ignacio Trujillo supo que su vida estaría ligada al rugir de los motores y la libertad de la carretera.
Ahora, a sus 55 años, sigue recorriendo caminos acompañado de su esposa María Delgado con la misma pasión que aquel niño que descubrió el mundo desde el asiento de una moto.
Su papá, un apasionado motociclista, le inculcó no solo la habilidad de conducir, sino el respeto y la camaradería que envuelve a la comunidad. Cuando Marcos Ignacio entró al Ejército, y obtuvo su primer sueldo, se aventuró en comprar su primera moto: una Kawasaki 150 de dos pistones.
Con los años, esa misma enseñanza se la transmitió a su hijo, quien creció viendo a su padre rodar incansablemente. Hoy, la historia se repite con sus nietos, quienes disfrutan de la experiencia de viajar en moto, aprendiendo desde pequeños lo que significa sentir el viento en el rostro y la emoción de la carretera abierta.
Para Marcos, no se trata solo de un hobby, sino de un legado:
No es solo la moto, es la sensación de libertad, la conexión con el camino y con la gente que conoces en cada viaje. Esto viene de sangre, mis abuelos tenían motos Vespas, mi papá tenía una Carabela 150. Y es algo que le pasé a mi hijo y que ahora veo reflejado en mis nietos
A lo largo de los años, Marcos Ignacio ha pasado por una gran variedad de motocicletas, explorando diferentes modelos y marcas que han marcado distintas etapas de su vida como biker.
Actualmente, su compañera de aventuras es una imponente Goldwing 1500, una máquina de lujo diseñada para la comodidad y el rendimiento en largas distancias, un modelo que no cualquiera puede tener.
Junto a su esposa recorre constantemente las carreteras del país, disfrutando de la libertad que solo una motocicleta de este nivel puede ofrecer, con el confort y la potencia necesarias para hacer de cada viaje una experiencia inolvidable.