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Localviernes, 12 de diciembre de 2025

Guanajuato se vuelca a los pies de la “Morenita”

Miles de feligreses acuden a visitar a la morenita en Guanajuato

Miguel Martínez

Desde las primeras horas, una marea de fe comenzó a fluir por la Calzada de Guadalupe, convertida hoy en el epicentro espiritual de la ciudad.

Lo primero que atrapa la mirada no es la arquitectura, sino los rostros, si no la tradición guanajuatense se manifiesta en los miles de niños y niñas vestidos de “inditos”, en honor a San Juan Diego Cuauhtlatoatzin. 

Bigotes pintados con corcho quemado, huacales llenos de frutas, rebozos coloridos y tilmas con la imagen de la Virgen estampada crean un mosaico vivo. 

Son las “Lupitas” y los “Juan Dieguitos” que, de la mano de sus padres, cumplen mandas o inician una herencia familiar.

El ascenso por la Calzada es un desafío físico que se vuelve ofrenda. 

El suelo de cantera resuena con los pasos de miles mientras el comercio se mezcla con la devoción, al llegar a la cima, el Santuario de Guadalupe se alza imponente, aunque insuficiente para albergar a la multitud. 

Las filas serpentean afuera, y aunque la logística de acceso cambió este año, la paciencia de los fieles se mantuvo inquebrantable.

La fe frente al paso del tiempo

Entre la multitud estaba la señora María de Jesús Buenrostro Álvarez,mejor conocida como “Doña Chuy”. quien asegura que su presencia ahí tiene un motivo claro “Dar Gracias”.

Sin embargo, Doña Chuy observa con cierta nostalgia cómo los tiempos han cambiado. Nota que la afluencia matutina de niños vestidos ha disminuido en comparación con décadas pasadas.

“Se está perdiendo la tradición. Antes a estas horas estaba lleno, pero poco a poco se pierde porque a los papás jóvenes ya se les va ese gusto por traerlos, solo cuando lo tienen muy arraigado no lo pierden”. 

Doña Chuy, quien ha inculcado esta devoción a sus nietas, también lamenta cómo la oferta gastronómica ha desplazado a los antojitos tradicionales: 

“Antes era pura vendimia de comida, puros antojitos como tacos de tripa; ahora es mucha ropa y otras cosas”.

El comercio permanece 

Esa transformación del entorno también la perciben quienes viven de la fiesta. Arcelia Jiménez, comerciante con cerca de 30 años instalada en la zona, defiende la venta de lo clásico: cañas, mandarinas y cacahuates. 

A pesar de la invasión de productos extranjeros, ella se mantiene firme.

“No sé por qué se ha metido tanto esto de los chinos aquí en Guanajuato, pero siempre estamos con la tradición de aquí. Nosotros no metemos cosas chinas, puro normal”, afirma tajante.

Arcelia confía en que la devoción siga viva

“La gente sí compra la tradición. A lo mejor no se ve mucha gente ahorita porque apenas va a empezar a subir la peregrinación, pero de que suben con su reliquia, aunque sea sin vestir, sí suben”.

Los Fotógrafos, guardianes de la memoria

En medio del río de gente, hay quienes tienen la misión de detener el tiempo. Crescencio Torres Cuellar conocido por todos como “Chencho”, es uno de los fotógrafos veteranos de la Calzada. 

Lleva casi 50 años retratando a las familias guanajuatenses, comenzó a los 15 años y hoy, cerca de cumplir medio siglo en el oficio, ve pasar generaciones enteras frente a su lente.

“Fíjate que ya tengo tres o cuatro generaciones trabajándoles. Vienen las abuelitas, las mamás, las hijas y las nietas. Un día traen a sus hijos, al otro a sus nietos y sigue la mata dando”, cuenta Chencho con orgullo.

Para él, la tecnología no es enemiga, sino una herramienta que debe adaptarse, aunque defiende el valor sentimental del papel frente a lo digital.

Fe y milagro de vida 

Desde entonces, padre e hija no han fallado un solo año.

“Me gusta venir porque le doy gracias a la Virgencita de Guadalupe por todo lo que ha hecho por mí y por mi familia”, dice Mariela con timidez pero con certeza.

Su padre, visiblemente emocionado, confirma que llevan 13 años cumpliendo esta manda sagrada, honrando la memoria de la madre y agradeciendo el milagro de la vida de su hija. 

“Para mí es algo muy importante”, alcanza a decir, resumiendo el sentir de miles, con la voz quebrada.

Al final del día, Guanajuato muestra que, sin importar el paso del tiempo, cada 12 de diciembre la ciudad se reúne como una sola familia bajo la protección de la Virgen de Guadalupe.

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