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Localdomingo, 5 de octubre de 2025

Sexualidad y discapacidad: cómo educar con derechos y sin prejuicios

La educadora sexual Alexa Castillo-Nájera plantea una mirada integral de la sexualidad: afectividad, cuerpo, placer y vínculos. Su charla invita a familias, docentes y profesionales a acompañar sin anular, y a educar con herramientas, no con miedo

Mary Elenne Castro Mares

Su declaración interpela no sólo a profesionales de la salud y la educación, sino a toda la sociedad que todavía sostiene estructuras que invisibilizan y excluyen.

Alexa Castillo-Nájera Zaliv es directora de la Fundación Mandala, institución dedicada a la inclusión, diversidad y equidad. 

Otro eje central fue el de neurodiversidad, término propuesto por la socióloga Judy Singer en 1998, que plantea que las diferencias neurológicas (como el autismo, el TDAH, entre otros) son parte natural de la condición humana. 

En contraposición, explicó el concepto de neurodivergencia que se refiere a las personas cuyo funcionamiento cerebral difiere de la norma neurotípica. 

“Todas las personas somos neurodiversas, pero no todas somos neurodivergentes”, aclaró.

“Todas las personas tenemos limitaciones. La diferencia está en si esas limitaciones nos impiden participar en igualdad de condiciones”, explicó.

Romper con las barreras: actitud, lenguaje y entorno

Alexa Castillo-Nájera ahondó en el corazón del problema: las barreras no están en los cuerpos, sino en las actitudes y en el entorno

“Cuando decimos ‘todas las personas con discapacidad son así’, estamos borrando la singularidad de cada ser humano”, afirmó.

“No es que no pongamos atención —dijo sobre el TDA—, es que ponemos atención en todo”.

Sexualidad humanista: educación para la libertad y el bienestar

Aquí, la sexualidad no es vista como un problema a controlar, sino como parte esencial del desarrollo humano, de la expresión emocional y del derecho a la autodeterminación.

“El enfoque humanista pone en el centro a la persona, su singularidad, su historia y su forma de estar en el mundo. No generaliza, no etiqueta, no reduce”, explicó. 

Comentó que la sexualidad, bajo esta perspectiva, está vinculada al sentido de la vida, la creatividad, el buen trato y el autocuidado.

Castillo-Nájera denunció que muchos de los obstáculos en torno a la sexualidad y discapacidad no tienen que ver con la persona, sino con el entorno y los tabúes que la rodean. 

“Si no hablamos de algo, no significa que no esté pasando”, señaló. 

Puntualizó que en muchas familias, hablar de menstruación, masturbación, diversidad sexual o consentimiento sigue siendo tabú.

Pero cuando ese silencio se impone sobre personas con discapacidad, las consecuencias pueden ser más graves: negación de derechos, invisibilidad, infantilización e incluso violencia.

Todos ellos, explicó, despojan a las personas de su condición humana y las reducen a categorías sin matices, impidiendo así una educación sexual real, integral y centrada en el bienestar.

“El miedo no es malo. Nos cuida. Pero si lo dejamos crecer, nos paraliza. La clave está en transformarlo”, subrayó.

“Educar en sexualidad es educar en libertad y responsabilidad, desde y para el bienestar. No desde el miedo. Y eso marca toda la diferencia.”

Alexa Castillo-Nájera insistió en que la verdadera transformación comienza con una decisión: cuestionar lo que creemos saber. Y para ello, es necesario desmitificar.

Afirmó que acompañar sin anular, educar sin prohibir, guiar sin reprimir: ese es el desafío actual. 

“Hay que dejar de preguntarnos si pueden, y empezar a preguntarnos cómo sí pueden. ¿Cómo acompañamos para que puedan ejercer sus derechos, vivir su sexualidad y alcanzar bienestar y autonomía?”.

Una sexualidad que no cabe en moldes

Uno de sus aportes del enfoque humanista es su propuesta de ampliar la noción de sexualidad. Castillo-Nájera desarticuló la idea de que sexualidad es sinónimo de coito o penetración. 

“Cuando digo sexualidad, muchas personas piensan solo en actividad sexual. Pero es muchísimo más”, señaló.

Dio a conocer cinco dimensiones clave, los cuales, explicó cómo se construye una visión más integral de la sexualidad:

Este enfoque permite hablar de sexualidad sin miedo, sin tabúes y sin control, y sobre todo, sin caer en la falsa idea de que hablar de estos temas “confunde” o “fomenta” conductas. 

“La información no coacciona. La educación sexual no determina, ofrece herramientas. Y el conocimiento da poder”, aseguró.

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