A los 68 años, todavía recuerdo los 11 años de edad cuando la masacre de Tlatelolco, aún impresionado en el día martes 20 de mayo con los jóvenes funcionarios ejecutados y cercanos a Clara Brugada, precisa e injustamente en que los esperaban para atentarlos a balazos; después, en la velación, los abrazos y los brazos tensos, dolientes y adoloridos, familiares y amistosos, fúnebres y funerales.
La doble ejecución, ha lugar, fue, un tiempo y un espacio, pensados con un objetivo: ejecutar lo íntimo con lo público en el rastro y en el matadero de los vivos con los muertos, los feminicidios con los desaparecidos, más la juventud que la adultez y la vejez, construyendo el futuro y la paz sepulcral en el segundo piso del palacio nacional con las gobernantas de la nación y de la capital en el país de las sombras espectrales.
La incertidumbre y la perplejidad desde el Zócalo con la soberanía y la seguridad, la bandera tricolor con el guindado de los jóvenes en la naval y en la burocracia, los profesores y los periodistas, la presidenta sola con los militares de los trenes en el vallado metálico del palacio donde se ha reconcentrado la soberanía intervenida por la seguridad blindada y agujerada del policía, el militar y el fiscal en lo que la presidenta tiene que dar y plantar la fascia de cera al mundo entero con la democracia más grande sobre la faz y la paz sepulcral, cuando el asunto público y el problema social está en el país de las sombras espectrales, acéptese o no, la crisis política, violenta y criminal está en su condición existencial y en su situación de seguridad en que la acción es la reacción a los hechos sucedidos y sucesivos del narcosicariato como oposición a la posición del Estado-Yo Claudia, la 4T y Morena en el Congreso del Noroña 1, el Adán Augusto 1 y el Monreal 1 con el Policía, el Militar y el Fiscal, luego, la gente y los demás, los otros y nosotros entre los muertos, los feminicidios y los desaparecidos.
La fúnebre funerabilidad es la vulnerabilidad y es solamente sensible y sentible en quienes han sido tocados en lo íntimo y en lo público por la violencia y la criminalidad, de la boca del estómago a la boca de la garganta, de lo que se transforma en ausencia en lo que fue presencia, de lo que se desaparece forzadamente porque se asesina arteramente; no pudiendo salirse del blanco inmóvil, huir y ser alcanzado por el blanco móvil, la precisión le gana a la velocidad, el policía se acerca a la presidenta, el militar se queda sentado, el fiscal mosqueado: el policía tras la mampara, a medio cuerpo, las manos y el teléfono a los oídos y la boca: la mirada de sus ojos atrapada por una cámara fotográfica, íntimamente pudoroso e intimidado público: la fotografía ambulante del ejecutor con casco y chaleco, peatonalmente, es la actitud de quien regresa a su casa después de hacer su chamba y recibir su paga al disparar 8 balas a la mujer y 4 al hombre, sumando la diferencia del objetivo Ximena que fue acribillada y el hombre subjetivo José que fue balaceado para serlos y hacerlos el mensaje a Clara Brugada, a la 4T y Morena que hace tiempo paga las cuentas fúnebres y funerales que les cobra el narcosicariato, la revolución de las conciencias y el humanismo mexicano, ansiando la reforma judicial para procesar la corrupción y la impunidad, la violencia y la criminalidad como legado y legajo de la transformación no mentida, no robada, no traicionada y sí ejecutada con la necrodemocracia.