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Análisismiércoles, 12 de febrero de 2025

El espionaje, ¿aumenta sobre Sinaloa?

Aunque comenzó en campaña, la aniquilación del cártel de Sinaloa se intensificó con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca el 20 de enero.

La detención-entrega de Ismael “El Mayo” Zambada García sigue sin tener claridad del lado mexicano, y del estadounidense no se ha querido compartir información concreta que permita entender el baño de sangre que ha sembrado en la entidad.

La economía es simple: oferta y demanda.

Si México tuviera una mínima capacidad bélica, en defensa de la soberanía nacional, ya hubiera intentado, quizá sin éxito, derribar esos aviones espías o hundido esos navíos.

Sin embargo, cabe la posibilidad que la presencia de las aeronaves y los barcos de guerra haya tenido el visto bueno de los militares mexicanos y autorizados por la comandanta suprema nacional.

El propio titular de la Defensa, el divisionario Ricardo Trevilla, reconoció que los aviones y los barcos estadounidenses podrían realizar labores de espionaje, aunque fuera del espacio aéreo y del litoral marítimo mexicanos.

La intensificación de los operativos militares en Culiacán y Mazatlán se inscribe en este periodo de “invasión” desde que Trump entró de nuevo a la casona del 1600 de la avenida Pensilvania, en Washington DC.

Los resultados son evidentes y contundentes, pero eso no garantiza que se vaya a acabar con el narcotráfico cuando la demanda es respaldada por un océano de adictos.

En el peor de los escenarios, los ataques militares en México están puestos en la mesa de la oficina Oval, esperemos y no suceda.

Desde la Segunda Guerra Mundial Estados Unidos no ha podido terminar un conflicto bélico en los que ha entrado: Corea, Cuba, Vietnam y Afganistán.

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