Durante décadas los estudiosos en materia educativa han teorizado de una u otra manera los factores que intervienen en el proceso de aprendizaje de las niñas, niños y jóvenes. Han desarrollado algunas actividades pedagógicas que les permite sacar conclusiones en temas como la lectura, la escritura, el pensamiento matemático, la expresión oral, el desenvolvimiento en actividades científicas, entre otras.
Sin embargo, de unos años a la fecha, lo que ha marcado tendencia en las escuelas es la inclinación a trabajar las emociones porque, según las conclusiones de exertos en materia educativa, si no hay emociones equilibradas el interés de los alumnos por aprender lo escolar decrece o se estanca.
Sobre las emociones también se cuelgan los disertadores de superación personal, los modernos filósofos de los inmediato en las redes sociales y psicólogos, sobre este tema los programas educativos destinan buen tiempo en alcanzar la paz interna, identificar los problemas internos que impiden o constituyen barreras (como dice el argot de moda) en el desenvolvimiento de los alumnos.
Algunas de las causas que respaldan la postura de trabajar las emociones son la pandemia Covid-19 y la guerra entre los cárteles de la droga, provocando la educación a distancia, misma que ha dejado un vacío difícil de llenar, sobre todo en los hábitos desordenados de los alumnos, y la aprehensión de los padres y madres en la sobreprotección de sus hijas e hijos.
Estas tendencias han desplazado de tapar hoyos en la sociedad ha desplazado el objetivo de la educación por priorizar el aprendizaje; en las escuelas ya no se trata de adquirir técnicas que permitan tener acceso o interpretar un texto o al realidad natural y social, sino encontrarse con uno mismo.
Parecido a los foros religiosos de dar consejos de vida (como si actualmente alguno asegurara vivir sin problema alguno) o las concentraciones de AA de vomitar los errores y pesares de quien se sube al estrado, a través de estas filosofías se piensa que al exteriorizar las vivencias personales llegará la paz interna; si las emociones están desestabilizadas no hay ni habrá disposición para participar en las actividades escolares.
El planteamiento de este texto no consiste en desaprobar si se hace una cosa u otra, sino de la ausencia de una crítica y autocrítica profunda que nos permita comprender por qué la educación, por más ajustes que se hagan, sigue fracasando. En otras ocasiones he señalado la precaria formación de los docentes (no saben leer ni escribir, entonces cómo se transmitirá o enseñará algo que no se domina y, se lleva años para adquirir esas herramientas), hay que sumar la visión de Estado sobre la educación, como instrumento político de control corporativo para los procesos electorales.
Habrá más aspectos a destacar, me limito sólo a mencionar tres; la deficiente formación docente enfocado al espectáculo en eventos sociales a modo de la inclinación de los padres de subir videos y fotografías de sus hijos en las redes sociales; las modas administrativas que se imponen cada seis años sin consolidar ningún proyecto educativo (incluyendo el salarial y la infraestructura de los espacios educativos) , y, no podía faltar, el férreo control de los sindicatos de los espacios escolares.
En ese contexto de recoger o proponer tendencias pasajeras se circunscribe la polémica destitución de Marx Arriada como funcionario de la 4T en el rubro educativo. No es que los libros de textos constituyan la panacea de la transformación del país, tampoco que ellos representen una avanzada en el conocimiento ante las nuevas realidades que enfrentan los países del tercer mundo; los libros de textos son herramientas para que el docente aterrice los programas de estudio, la proyección de una administración en la formación de la ciudadanía.
La Nueva Escuela Mexicana (NEM) y los libros de textos gratuitos impulsados por el ahora funcionario destituido, no transformaron la vida en las escuelas y la sociedad; una cosa es el discurso supuestamente alternativo y otra la fría e indiferente realidad.
Se impusieron una serie de conceptos y modismos en un marasmo discursivo repelados por la cultura docente y administrativa-burocracia. En otras palabras, la NEM nunca fue aceptada, fue vista como ajena a la idiosincrasia de los docentes.
No es que el problema fuesen los libros, las formas de trabajo acostumbrados se impusieron; el maestro y la maestra no dejaron de ser autoridad, en toda la extensión de la palabra, para construir espacios democráticos donde los alumnos proponían y hacían con libertad consciente en vísperas de, a su vez, democratizar la comunidad.
La utopía de Marx Arriaga, que nada tiene que ver con la filosofía de la praxis, de la concreción de la idea de Carlos Marx; quiso emular al pensador alemán (lo del cuadro en la oficina es patético) sin ninguna base material, mejor dicho, no quiso, simuló emular con textos en los libros sin liberar a ninguna escuela, tampoco veo en Sinaloa a ningún docente seguir de Arriga con bases marxistas para explicarse el mundo.
Enfoques alternativos como las del autor de la pedagogía del oprimido dieron resultados en una realidad concreta, y con un sentido de liberar la pedagogía y el quehacer docente de las trabas burocráticas y las decisiones políticas de los partidos y los líderes sindicales.
Imponerlo, respaldado por una narrativa de buenas intenciones, fue abruptamente rechazado hasta por los docentes que entienden estas diatribas como lo que son, modas sexenales.
Digámoslo de otra manera; desmontar las prácticas educativas del viejo programa y los vicios de la inercia pedagógica se dan desde la práctica, aferrarse a una narrativa de liberación sin liberar el control que existe sobre las escuelas trajo como consecuencia, no sólo el rechazo en buena medida en las aulas, también el despido de su gestor institucional.
Plantear que la polémica entre Arriaga y Delgado es por el protagonismo de la transformación de las escuelas resulta mera ingenuidad, son disputas políticas que nada tienen que ver con la educación como proceso de aprendizaje, sí como escenario político para ofertar en las siguientes elecciones.
Quienes se rasgaron las vestiduras por uno u otro, olvidan que anteriormente el propio López Obrador asignó como secretario de Educación a Esteban Moctezuma Barragán, ex priista y trabajador de Salinas Pliego, y uno de los pilares de las políticas neoliberales en el cacareado despojo de los recursos de la nación del periodo neoliberal.
Lo que no se ve, más allá de las disputas públicas o de pasillo, es que la SEP es trampolín para alguna gubernatura o embajada en el extranjero, así como en Sinaloa la SEPyC es plataforma para lograr alguna diputación y aspirar, si el cinismo no es menor, a la gubernatura del estado.
En los espacios educativos no hay debate de ningún tipo, hay chismorreo sobre fulano, zutano y mengano. El nivel discursivo es tan bajo, al nivel de rendir pleitesía al secretario general del SNTE con vivas y porras en los eventos deportivos que esconden las carencias del gremio en aras de mejorar las condiciones de trabajo y representación de los derechos de los trabajadores de la educación.
¿Cuándo los líderes sindicales o de la SEPyC han algo en favor de la seguridad de los docentes en este periodo de guerra entre los grupos criminales por el control territorial? Al contrario, niegan la violencia que ha cobrado vidas de niños, mujeres y hombres.
Ni Arriaga, ni Mario Delgado, ni Graciela Domínguez (en su momento) ni Himelda Félix se han pronunciado a favor de los maestros, porque en un ambiente de guerra lo que importa es la vida. Como funcionarios del actual gobierno repiten la narrativa oficial de negar los hechos, los datos arrojados por investigadores, niegan pues la realidad.
Si a los funcionarios de alto nivel no les importa la vida de los alumnos ni docentes, qué se puede esperar de los secretarios de las secciones 53 y 27, Ricardo Madrid y Genaro Torrecillas, ambos han respaldado con el silencio el menosprecio hacia lo que sucede en las escuelas como espacios educativos.
Si lo que se ve a simple vista no se debate ni cuestiona, es de suponer, no sé, tal vez me equivoque, mucho menos los planteamientos epistémicos o filosóficos que explican los múltiples problemas de los contextos de aprendizaje en el país. En ese sentido lo dicho por Luis Hernández Navarro pone el dedo en la llaga: la Nueva Escuela Mexicana es una entelequia.
La entelequia como una ficción encerrada en el discurso es lo que se ha manifestado en los años que van del gobierno de la 4T; como ficción de “primero los pobres”. Es alrededor de la ficción que se ha desarrollado toda una campaña ideológica donde las escuelas no han quedado al margen, son vitales en esta maquinaria propagandística, que no es otra cosa que darles la espalda a los sucesos de la vida.
¿En qué pensamientos se sustenta la NEM? Lo que llaman humanismo mexicano es un eufemismo, no hay humanismo mexicano porque no existe; hay una revoltura de ideas, no pocas veces contradictorias entre sí, amalgamadas para proclamarlas como la filosofía del humanismo mexicano.
El humanismo fue fruto del renacimiento europeo para revitalizar lo mejor de la cultura griega y romana en un contexto de crisis humanitaria en Europa; que el esplendor de la filosofía, el teatro y la poesía griega y romana sirvieran para iluminar las diatribas del tránsito del esclavismo al mundo medieval.
¿De dónde emana le humanismo mexicano? No podemos partir de ocurrencias como eso “la república amorosa” o el “humanismo mexicano”; nuestras carencias conceptuales nos han llevado a colocar las palabras donde no corresponde.
La NEM en su imbricado sustento filosófico (por cierto, a qué filósofos mexicanos alude), una continuidad con la forma de sustentar en los programas de las administraciones anteriores.
El concepto de comunidad y lo que implica, sobre todo en lo correspondiente a la toma de decisiones, no tiene nada que ver con las imposiciones en las escuelas que llaman comunidad de aprendizaje.
El pensamiento crítico, tan cacareado por todos lados, es un adorno conceptual cuando no tiene implicaciones prácticas, es decir, no hay pensamiento crítico si no destruye las prácticas, vicios e inercias educativas, si no modifica la relación educativa entre los alumnos y maestros.
Volvemos al punto de partida, si las escuelas ya no son los espacios de aprendizajes que orientaran el desarrollo intelectual de los alumnos, pero siguen siendo escenarios de control político (morenistas o sindicalistas), ¿cuál es su aporte en la construcción de conocimiento social?, ¿cómo influye culturalmente a la sociedad donde se encuentra adherida y a la cual pertenece?
Las promesas de AMLO de transformar la educación, terminó por afianzar lazos con el sindicalismo rancio, en ese sentido la 4T resultó más conservador que Peña Nieto y Calderón. Mientras estos centralizaron el poder en una casta divina, Amlo lo repartió en pequeños feudos para consolidar el cacicazgo de cada región; quién no recuerda al inicio de su gestión Rocha Moya señalando a Daniel Amador como un obstáculo para democratizar el sindicato Sección 53, para terminar su periodo compartiendo eventos de mutuos halagos y abrazos.
En este juego de poderes por decidir el rumbo, no de la educación que como ya se dijo fue desplazada a un segundo plano, sino de los maestros agremiados en el sindicato para canjearlos en los siguientes periodos electorales.
Hace algunos años cuando se cuestionaba al líder sindical de la Sección 53, Ricardo Madrid, por el uso de una ostentosa camioneta blanca en contraste con las bicicletas, motos o autos de los docentes, una maestra salió en la defensa del aludido señalando que se merece eso y más.
La desigualdad dentro del magisterio (dicen los manuales en los Consejos Técnicos Escolares que la desigualdad produce pobreza y faltas de oportunidades) son reales, pero también son sostenidas abiertamente (el absurdo) por los mismos maestros y maestras. Si queremos observar el clasicismo en toda su expresión, se manifiesta en la contradicción entre la vida de la dirigencia sindical y el grueso del magisterio con salarios precarios.
La narrativa de democratizar lo que no puede democratizarse (lo intentaron con el PRI, y ya se sabe lo que resultó). En la vida institucional no es posible la construcción democrática de ningún escenario, mucho menos el educativo, porque la democracia no es qué grupo está o estará al frente en la representación de los derechos laborales de las maestras y maestros, sino qué relación mantendrá ante el poder, es un juego de fuerzas donde se trata de imponer uno sobre el otro.
En los docentes no hay una cultura democrática, sí del acarreo, la grilla y la bulla, como se ve en las Secciones 27 y 53 con sus eventos deportivos, las comidas, las rifas, los bailes, hasta ahí, pero no de decidir colectivamente el qué, cómo y dónde con sus derechos como trabajadores, mucho menos de los procesos de aprendizaje de los alumnos.
Entre la forma de vida institucional y la delincuencia organizada hay una relación directa; operan de la misma manera; aspiran a controlar territorios para administrarlos en su lógica de dominio.
La delincuencia organizada se mediante el uso de la violencia, incluso sobre las fuerzas oficiales a las que sostienen de las narices y orejas. En cambio, lo que disputan los grupos sindicales y sus múltiples aspirantes con máscaras femeninas o masculinas o de género (ver el caso Negrete-Zermeño) son el control de escuelas, zonas, sectores y regiones y que operen, como de por sí operan, para su beneficio político.
Las secciones 27 y 53 tienen secuestrados los espacios educativos; el tráfico de influencia, la captación de espacios y la compraventa siguen operando como en los viejos tiempos. Morena no vino a destruir el pasado, sino a reacomodarlo a su interés político. Tan sólo en Escuinapa, pero no sólo en Escuinapa, la reforma educativa del partido en el poder no tocó un pétalo de rosa los usos y costumbres del sindicato en relación con las escuelas y docentes.
Los intereses políticos, sobre todo económicos, están muy por encima de los derechos de la niñez de acceso a la escuela y de aprendizaje. Este contexto en específico (superestructura educativa) es lo que ningún plan y programa de estudios ha logrado permear, por eso la absurda “disputa” de si los libros de textos gratuitos son la panacea del conocimiento y lo que el país necesita, cuando hay otros temas de mayor relevancia.
Como en “la fiesta” de Joan Manuel Serrat “el noble y el villano bailan y se dan la mano sin importarles la facha” es acertada como metáfora para explicarnos la relación de los docentes con sus autoridades, así como también de la lucha por la democracia sindical en Sinaloa con la misma lógica y pensamiento de ocupar el espacio de “los otros”, sólo se repiten los vicios señalados en el documento, ya sucedió con Morena en el poder, durante más de veinte años vendió la esperanza como divisa de cambio, qué puede suceder con quienes tienen de respaldo una cultura clientelar de obtener algo a cambio del voto o respaldo político.
En plana fiesta electoral tanto sindicalistas como oposición proclamarán al mismo candidato o candidata de Morena “sin importarles la facha”, todos en aras de la democracia sindical y la transformación educativa.
¿Qué queda por hacer? Analizar críticamente la realidad, y el ser docente en esa realidad, priorizar la ética por encima del interés personal; construir escenarios donde el centro esté el aprendizaje de las niñas, niños y adolescentes; los derechos laborales de los docentes, y un órgano por hacer valer esos derechos mediante la toma de decisiones colectivas.
Espacios contra el poder, porque la democratización de la educación, así como su transformación pasarán por esa lucha contra el poder oficial en todas sus líneas y dimensiones, incluyendo la del maestro-alumno.