La narrativa que no convence
Cierran negocios y la autoridad insiste que la inseguridad no tiene qué ver con eso.
Que son asuntos “personales” pero la violencia de los últimos meses no influye. ¿De dónde sale esto? De una narrativa que intenta desviar la realidad.
Mazatlán, como puerto turístico, depende de los visitantes, así de simple.
El cierre de comercios, entre ellos restaurantes y bares de la vida nocturna marismeña, es porque el turismo y los locales prefieren resguardarse en casa y hoteles ante el temor de sufrir algún delito.
Las desapariciones son el termómetro que las personas toman en cuenta para decidir si es prudente arriesgarse de noche.
Las declaraciones del secretario de Seguridad Pública Municipal molestan a las y los ciudadanos, que ven todos los días los hechos de inseguridad que lastiman a la sociedad mazatleca.
Ese discurso de “no pasa nada”, que son ataques directos contra gente que tiene cola que le pisen nadie lo cree, porque ellos pueden pensar que podrían ser “víctimas colaterales” de los pleitos entre grupos criminales.
Aunque es cierto que la seguridad en el puerto ha sido reforzada por las fuerzas militares y la Guardia Nacional, eso no tranquiliza a la población.
En una semana Mazatlán vivirá su máxima fiesta, el Carnaval, y aunque la presencia de las corporaciones de seguridad es evidente, nada garantiza que la fiesta del pueblo no se vea manchada.
El gobierno debe ser más empático en este escenario donde la violencia se asienta cada vez más en el puerto.
















