De nueva cuenta dos hechos violentos registrado este martes ponen en entredicho los operativos de seguridad en Mazatlán.
Cacareados como el “hilo negro” en un contexto de violencia insaciable de los grupos criminales, el puerto se acerca a la Semana Santa, y puede que no sea tan santa como se pretende.
Un muerto por bala perdida y otro levantado en las cercanías de la Policía Municipal obligan a ver la perspectiva de la inseguridad en el puerto.
Cada episodio criminal aumenta el temor entre la población. Lo mismo ocurría en las postrimerías del Carnaval y se logró un saldo blanco durante los días de la fiesta marismeña, y qué bueno.
Pero suele ocurrir una cosa que no falla. Como dicen los militares: “jamás pelees tanto tiempo con el mismo enemigo porque se adaptará a tus tácticas”.
Desplegar tanto tiempo a las Fuerzas Armadas en una guerra que nació perdida solo bajará la moral de los soldados.
Son los únicos que pueden enfrentar con la misma capacidad de fuego a los grupos criminales, pero los gobiernos se escudan en la seguridad nacional para mantenerlos en las calles y los montes, donde poco se sabe cómo operan y si se respetan los derechos humanos de la gente.
Nuestras policías municipales solo son presenciales en los operativos de seguridad de los gobiernos federal y estatal, y algunos de sus integrantes cobran en la nómina oficial y en la informal, dicen, dicen…
La estrategia de seguridad del Gobierno federal, responde, por desgracia, a presiones de Estados Unidos y no a una política pública nacional que controle de cierta manera el nivel de violencia que generan los criminales.
El narcotráfico jamás llegará a su fin mientras la demanda deje dividendos jugosos.